El Valencia recupera su mediocridad en el Carlos Tartiere
El Real Oviedo goleó en intensidad y ambición al conjunto de Carlos Corberán y se llevó los tres puntos en una acción a balón parado fatal defendida por los blanquinegros
El Valencia tenía la oportunidad de ganarse la licencia de mirar hacia arriba en la clasificación pero tendrá que seguir trabajándose la salvación
Rafa Jarque
A Largie Ramazani le preguntaron el pasado miércoles si se hablaba de Europa en el vestuario y contestó "puede que sí y puede que no". Debe ser que no, porque el partido del Valencia, que tenía una oportunidad de oro de sumar la tercera victoria consecutiva y mirar hacia arriba con razón, fue una muestra enorme de falta de ambición. El Real Oviedo se adelantó en una acción a balón parado fatal defendida por los de Carlos Corberán y apenas tuvo que sufrir ocasiones de peligro del conjunto valencianista, que recuperó la mediocridad que parecía haber abandonado en las últimas semanas.
Continuidad a lo que funciona debió pensar Carlos Corberán, que solo cambió a Luis Rioja por Danjuma para medirse al Real Oviedo. Pero en el fútbol las dinámicas importan bien poco si no existe ninguna intención de darle persistencia, y en el Carlos Carlos Tartiere el Valencia no mostró ni ganas ni ambición por seguir escalando, empezando por una primera parte que fue, literalmente, todo lo que está mal en un equipo de fútbol: sin actidud, sin plan y sin precisión.
Un inicio demoledor... de aburrimiento
Los primeros minutos de partido fueron lo que comunmente se conoce como un bocata de ladrillos. Una cosa muy díficil de ver. Sin ocasiones ni nada destacable salvo dos disparos de larga distancia, uno de Thiago Fernández para el Oviedo y otro de Sadiq para el Valencia. Ambos sin peligro. No fue hasta el minuto 25 cuando el conjunto de Carlos Corberán avisó con desperezarse con una buena combinación que terminó con Ugrinic habilitando a Ramazani y el belga, con izquierda, disparando ligeramente desviado desde la frontal. El aviso no pasó mas allá de ahí, de un aviso.
Desconexión inadmisible
Porque lo que podía aprovechar el Valencia para venirse arriba lo aprovechó más bien el Real Oviedo, que tampoco necesitó mucha lucidez, simplemente esperar a una empanada inadmisible de todo el equipo blanquinegro, esta vez vestido de rojo, en un saque de esquina. Los carbayones sacaron rápidamente en corto, el balón le llegó a Thiago Fernández, que regateó para disimular porque nadie le estaba defendiendo con intensidad, y puso el balón atrás para que David Costas rematara a placer. 1-0 y a remar.
Lo de remar lo quiso dejar el Valencia ya para la segunda parte porque los 15 minutos restantes del primer acto fueron un calco de los primeros 20 de partido: sin plan ni habilidad para generar peligro a un colista que estaba viviendo su partido más plácido en su estadio esta temporada.
Tras el descanso, más de lo mismo
Aunque la bronca en el descanso debía ser de las mayores de la temporada, no surtió mucho efecto porque el equipo que salió más enchufado de vestuarios fue el local. A las primeras de cambio, Dimitrievski tuvo que emplearse a fondo para detener un remate de cabeza se colaba. Poco después, en un rechace que no salió del área, Ilic tuvo también el 2-0, pero su disparo se marchó alto.
El peor inicio posible para recuperar la confianza que tanto faltaba. Por eso Corberán no quiso ver nada más y empezó a mover el banquillo. Almeida, Rioja y Hugo Duro entraron en el lugar de Ugrinic, Danjuma y Sadiq, todos ellos tras una actuación lamentable. Fruto de los cambios o no, llegó la primera aproximación del Valencia, que nació en un buen pase de Almeida y concluyó en una parada de Aaron Escandell a Gayà.
El Real Oviedo, consciente de su botín y de lo que le está costando toda la temporada sumar puntos, redujo un par de metros su línea y adoptó una actitud más defensiva, algo que aprovechó el Valencia para hacerse con el control del balón, aunque no lo tradujera en ocasiones de peligro salvo algún disparo de larga distancia. De hecho, quien volvió a encontrar portería fue el Oviedo, y de nuevo en una acción a balón parado, pero el tanto no subió al marcador por un fuera de juego posicional claro e Ilyas, que impidió la visión total de la jugada a Dimitrievski.
Otra circunstancia que podría haber aprovechado el conjunto visitante para meterse en el partido, pero ni por esas. Fue de nuevo el Oviedo el que creó más peligro con dos acciones casi consecutivas con las que pudo matar el partido. El Valencia, que parecía tener cosas más importantes en la cabeza, seguía sin dar señales de vida ante el último clasificado de Primera División.
Sin ocasiones de peligro en el tramo final
Los carbayones no sentenciaron el choque y los últimos minutos fueron de asedio visitante. Asedio en el sentido de posesión de balón e intentos de crear ocasiones, pero peligro lo que es peligro... poco. Tampoco estuvo exento de polémica el choque, y es que los jugadores del Valencia se volvieron locos pidiendo una mano de Sibo dentro del área en el tiempo añadido, pero Sesma Espinosa y el VAR no la consideraron punible.
Tras una muestra de incapacidad total, el colegiado pitó el final del partido y el Valencia consumó una derrota tan dolorosa como mediocre. Una derrota que retrata, una vez más, la falta de ambición del club y del equipo, que sigue sin ganarse, o de querer ganarse, la licencia de mirar hacia arriba, por lo que tendrá que seguir trabajando para sentenciar la salvación. Paso atrás.
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