Ciclismo
El Tour se revuelve con otro esprint accidentado y un montón de caídas
Triunfo del ciclista belga Tim Merlier en una jornada plomiza sin fugas en la que el corredor flamenco Jasper Philipsen, primer jersey amarillo, tuvo que retirarse por un accidente

Tour de Francia: etapa 3, en imágenes / MARTIN DIVISEK / EFE

A poca distancia de la llegada de Dunkerque, victoria del belga Tim Merlier en un esprint accidentado, aparcan los autocares de los 23 equipos. Se necesitan largas avenidas para que los vehículos se puedan acoplar a fin de recibir a los corredores finalizada la etapa.
Que llegues el primero a meta, caso de Merlier ante Jonathan Milan, foto-finish obligada, no significa que seas el primero en entrar al autobús, porque una victoria implica mucho protocolo: podio, control antidopaje, entrevistas… pero es ahí donde se reúne buena parte del público, que pasa horas apostado ante el autobús de Tadej Pogacar. Algunos han llevado las sillas y otros se han comprado en la tienda oficial el ‘maillot’ a lunares que identifica al primer clasificado de la montaña, un jersey, confiesa el astro esloveno, que le hace mucha ilusión vestir.
A la gente desplazada a la carretera no le preocupa que la tercera etapa del Tour, entre Valenciennes y Dunkerque, haya sido un auténtico tostón. Sólo se ha contabilizado una escapada un poco extraña de Tim Wellens, campeón de Bélgica y gregario de Pogacar. Si van rezagados, casi mejor, porque significa mayor disfrute y más horas apostados en las cunetas.
Retirada de Philipsen
Por las cunetas, en un día insulso y con mucho viento, ruedan muchos corredores. Parece que vayan parados, pero lo hacen, juntos y en buena harmonía, a más de 40 kilómetros por hora. Es la etapa de las castañas exageradas; caídas tontas, mucho riesgo, como el que toma Jasper Philipsen, primer jersey amarillo, que se va al suelo y acaba en la ambulancia en el esprint bonificado de Isbergues, a 60 kilómetros de la meta de Dunkerque.
Philipsen vino al Tour a luchar por el jersey verde que llevaba puesto. Deja solo ante el peligro a su compañero Mathieu van der Poel, que conserva el amarillo sin aparentes problemas. Van der Poel es de los últimos en llegar a los autocares. Los que nada tienen que hacer terminada la etapa desfilan hacia sus vehículos donde los auxiliares tienen preparados los rodillos, un poco de bici estática para relajar los músculos de las piernas; o eso dicen los preparadores físicos.
Muchos no se fijan al pasar por delante del único equipo que esconde el nombre del patrocinador -el conjunto de Israel- que hay una pareja de policías nacionales protegiendo al autocar de la escuadra, que sólo muestra una estrella de David con diseño como único distintivo de país. Los corredores llevan inscrito la denominación israelí en el pecho, que no se ve por la tele, porque van agachados y mostrando la chepa a los espectadores.
Para evitar sustos mayores, el Tour ha decidido ampliar a cinco kilómetros la zona de seguridad. Si te caes o te cortas te dan el mismo tiempo del vencedor. Hay una caída, a 2,8 kilómetros de la meta, en la zona central del pelotón. Afecta a Remco Evenepoel, que da la impresión de rodar muy nervioso en la fase final de la etapa. El campeón olímpico se lleva un buen trompazo. No está teniendo mucha suerte en este inicio de Tour.
Muchos son los corredores que se quedan cortados, que entran tranquilos a la meta de Dunkerque, ya que saben que no tendrán penalización alguna y podrán conservar plaza y tiempo en la general. Es el caso de Enric Mas, sexto de la tabla, y de tantos otros, como Primoz Roglic que ha decidido correr con perfil bajo en este estreno de la ronda francesa.
Vuelve a haber otra caída en la línea de meta. Más ciclistas rodando por el asfalto del Tour. Los nervios siguen a flor de piel. No hay carrera en el mundo en la que los corredores pedaleen tan agitados. Una victoria vale el peso en oro. Evenepoel, al menos, se llega la alegría por la victoria de su compañero en el Soudal y compatriota, Merlier, que inscribe su nombre por segunda vez como ganador de una etapa del Tour. Milan se queda con las ganas. Llegar al Tour con la etiqueta de ser el corredor más rápido y fuerte en un esprint no sirve de nada si luego no se certifica el título con una victoria.
Ahora el Tour se prepara para una cuarta etapa, parecida por el final, a la segunda. La carrera acabará este martes a Rouen, la capital de Normandía, con tres repechos muy empinados en los últimos 21 kilómetros y una subida final a la meta con 500 metros al 5%. Así que a prepararse para otra llegada intensa en este inquieto inicio de Tour.
Vía: El Periódico
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