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Carme Barceló

Carme Barceló

Periodista en SPORT

La vida en rosa también duele

Lamine Yamal compartió el trofeo Golden Boy con la afición

Lamine Yamal compartió el trofeo Golden Boy con la afición / EFE

Impactan las fotografías que nos llegan de un Lamine Yamal que parece aterrizado en un almacén de chucherías. La que esto firma se reconoce en el consumo más o menos indiscriminado de esas nubes de algodón cargadas de azúcar que, en talla 5XL donde posa el jugador del Barça, te trasladan a un mundo irreal. Por describirlo fino. Porque casi indigesta ese rosa chicle que envuelve a un chaval que, por lo visto, celebra su casi mayoría de edad acompañado de un premio más a su extraordinaria carrera. Diecisiete años y ya lo tenemos, lo vivimos, lo disfrutamos y lo celebramos los y las que amamos el fútbol de verdad más allá de los patrocinios y de los premios. No nací ayer y sé que esta estética forma parte de un negocio sustentado por un sistema que nos da de comer a muchos. En su caso y en el de agente, nivel ‘premium’. Bienvenido sea Lamine Yamal y aún más bienvenida sea la ilusión que despierta a nivel deportivo y social. Huérfanos de Messi, la llegada de este producto de La Masia ha elevado el sentimiento de pertenencia blaugrana unos cuantos enteros.

Sí. Toda esta poesía es cierta. Pero cuando bajamos al fango, las cosas cambian. Y el FC Barcelona se enfrenta este sábado a un partido que supone más que ganar, empatar o perder: es la barra de medir entre el talento y el ADN y el ‘pupas’ resucitado. Poca broma. Los de Simeone apretan y se postulan como candidatos al éxito pero los que ya peinamos canas, aquí y en la capital, sabemos que un día caen y los siguientes, también. La estadística lo avala, sobre todo cuando hablamos de un equipo sostenido sobre una teoría de mínimos, la del ‘partido a partido’. Otra cosa es el golpe final. Ahí se precisa un grupo sanguíneo que no falla cuando se le necesita.

Pero el sábado, Lamine Yamal no estará. 

Utilizo el recurso del ‘punto y aparte’ para darle más fuerza al asunto. Porque ya vimos que el chaval bajaba revoluciones ante el Leganés, dolido y asustado, y las evidencias de aquel día han sido confirmadas. Una lesión que le va a mantener lejos del terreno de juego entre tres y cuatro semanas. ¿De quién es la responsabilidad? Viéndole en el campo, estaba claro que el jugador no entraba, no era el de siempre y se recortaba a sí mismo. Al salir del Lluís Companys, cojeaba. Serio. Dolorido. Horas después, desde la distancia, agradecía el premio Golden Boy y su representante, Jorge Mendes, confirmaba a Jose Álvarez, periodista de El Chiringuito de Jugones, que renovaba contrato por el Barça porque “Lamine es el Barça y es del Barça”. Un regalo, una perla y un sinvivir desde que se confirma que hay un tobillo delicado al que hay que cuidar y no forzar. 

Digerir que Mbappé no está consiguiendo lo que esta jovencísima perla de La Masia logra a día de hoy es de difícil digestión en determinados entornos. Suma más el 304 de Rocafonda que el fulgor intermitente de la estrella del Paseo de la Castellana. Pero el chico ya vive en sus carnes lo que es una crisis de resultados que parte desde su propia casa. Quizá, casi seguro, por ello quiso estar y forzar. Ese no es el camino de un equipo cuyos fundamentos de base son los que marca la economía del club y, por ende, el producto que se obtiene desde el fútbol base. Los Casadó, Cubarsí o el propio Lamine Yamal deben entender (ellos) y ser (el resto) que son arte y parte, tanto veteranos y como estrellas de nuevo cuño, y ser tratados como tales. Y enseñarles mientras crecen. Y, aunque se haya hecho de la necesidad virtud, ser conscientes de su juventud y de su proceso de formación. Esta ‘vie en rose’ de la que disfrutan la carga el diablo.