Opinión

Redactor de la sección Barça
La nueva era del Barça
El club ha pasado de hipotecarse para fichar a hacerlo para inscribir

Pau Víctor y Dani Olmo, en un entrenamiento / Valentí Enrich
El barcelonismo echa de menos aquellos tiempos en los que su máxima preocupación era criticar al director deportivo de turno para, una vez relevado en el cargo, ensalzar su trabajo porque había que disparar a su sucesor. Desde Txiki Begiristain, en 2003, hasta el actual inquilino de la silla, Deco, han pasado por el Barça unos cuantos responsables de una de las parcelas más importantes en cualquier club: Zubizarreta, Robert Fernández, Pep Segura, Abidal, Planes, Mateu Alemany o Jordi Cruyff dejaron su sello con mayor o menor acierto, pero siempre condicionados a la economía, área esencial para ejecutar cualquier movimiento de mercado con garantías.
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Bartomeu derrochó los 222 millones de euros cobrados por Neymar en Coutinho y Dembélé como Gaspart lo había hecho firmando a Petit y Overmars con el pastizal ingresado por Figo. Nada raro porque esa ha sido la tradicional política de fichajes de una entidad acostumbrada a nombres como Kubala, Di Stefano (a quien el franquismo impidió jugar junto a Ladislao), Cruyff o Maradona. El Barça siempre ha pensado en grande porque así lo exige su historia y, valga la redundancia, su grandeza. Obviamente, nada tiene que ver Coutinho con Cruyff o Petit con Maradona, pero a los cuatro, como inmortalizó Núñez, los podía haber firmado su portera porque, en el fondo, todo era cuestión de dinero, ese con el que también se firmó a Ibrahimovic o a Griezmann, por poner dos ejemplos equidistantes.

Coutinho, cuando fichó por el Barça / @FcBarcelona
La gran diferencia entre todo lo hecho hasta ahora y todo lo que ahora se está haciendo es que antes había dinero y ahora no hay un duro, un hecho al que hay que añadir otro no menos importante y que lo condiciona todo: el límite salarial. El fútbol y quienes lo mueven impone unas normas que obligan a pensar y ejecutar de forma distinta a la que se hacía antes. Sobre todo cuando la caja está vacía. Ese es hoy el problema del Barça, cuya dirección deportiva administra miseria y está obligada a usar la imaginación y la creatividad para reforzar al equipo. Jordi Cruyff optó por ir a por quienes ultimababan sus contratos, por ejemplo. Es una opción.
En cambio, vender el club a trocitos para, ya no fichar, sino inscribir, no lo es. Esta manera de actuar es la que, de forma directa, está provocando problemas tan graves como la inscripcción de Dani Olmo hoy o la de Koundé en su día. El Barça está actuando con la irresponsabilidad de quien contrata una tarjeta de crédito para pagar la que se ha pulido antes. La bola es tan grande que llegará el día que acabará llevándose por delante al club, incapaz de hacer frente a su deuda porque todos sus ingresos acabarán embargados por sus acreedores.
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