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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

Mbappé se ríe del Real Madrid

Quien ya dejó tirado al Madrid tantas veces lo ha vuelto a hacer

Imagen de Mbappé tendido en el juego tras la lesión

Imagen de Mbappé tendido en el juego tras la lesión / Movistar+

Como dice el Tio Faja, “poco se pagó a Negreira”. Y aunque la cagada del Barça es histórica, tuvo todo el sentido del mundo viendo cómo el madridismo sociológico va a cara descubierta con la recortada en mano. Dicen que luchan contra todo y contra todos.

Y llevan razón, lo hacen desde la más absoluta impunidad que les da ser el club más ladrón de la historia, el más manipulador y el más beneficiado por todos los estamentos que se supone rigen con justicia e imparcialidad el fútbol.

El Real Madrid lo ha vuelto a hacer y esta vez lo ha hecho a lo grande, riéndose de todos aquellos que intentan competir en igualdad de condiciones en los torneos en los que participa. El partido de sanción a la salvajada gratuita e inhumana de Mbappé les ha salido gratis. Una vez más.

Porque no es la primera vez que este pésimo compañero, como antes lo habían sido Pepe, Ramos o Fernando Hierro, que iban con todo sin importarles la integridad física de sus rivales, ha intentado romper la tibia y el peroné a un profesional.

Ya lo hizo en Francia y entonces le cayeron tres partidos. Kylian ha recibido en muy pocos días una lección que nunca olvidará: vestir la camiseta blanca, ensuciada por episodios como este, se lo permite todo.

Quien ya dejó tirado al Madrid tantas veces lo ha vuelto a hacer. Es poesía.

A partir de ahora sabe que lo único que le ocurrirá haga lo que haga será perderse un partido. El Real Madrid es el poder y el poder es quien pone las reglas y las regula a su antojo, como cualquier régimen absolutista. Mbappé ha comprobado en pocos meses que, vestido de blanco, se vive muy tranquilo y que ante cualquier fechoría indecente se mira hacia otro lado. Dentro y fuera del terreno de juego, donde cualquier proceso judicial queda sepultado mediáticamente gracias a las órdenes de Florentino Pérez.

Flick, que también acaba de llegar, aprendió cómo funcionan las cosas en España muy rápido cuando tuvo que cumplir dos partidos de sanción, el doble que el francés, por un gesto en la banda. Lewandowski lo aprendió en enero de 2023, cuando le cayeron tres partidos por tocarse la nariz en Pamplona.

Iba vestido de blanco gracias a la iniciativa absurda que tuvo el club por no sé qué chorradas históricas, pero no sirvió de nada. Hansi y Robert, que lucha por un Pichichi que si lo gana Mbappé será un trofeo adulterado, también han aprendido ya que cada título del Barça, ante un rival que juega sucio dentro y fuera del terreno de juego, vale por tres. De ahí que al club blaugrana no le sirva ganar por la mínima y deba hacerlo siempre de forma abultada.

Y, pese a ello, hay veces que el bien gana y el mal acaba convirtiéndose en un jugador que pide el cambio tras notar un calambre en el tobillo y deja solos a sus compañeros antes de ser eliminados ante el Arsenal en una pseudoremontada esperpéntica. Quien ya dejó tirado al Madrid tantas veces lo ha vuelto a hacer. Es poesía.