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Opinión

Jordi Badia

Jordi Badia

Jefe de deportes en Regió7

Fútbol deficiente, arbitraje sospechoso

Girona - FC Barcelona | El pisotón a Koundé / LALIGA

El Barça ha perdido un liderato liguero que hace unas jornadas parecía sólido, con cinco puntos de ventaja sobre el Real Madrid. Si ahora está dos puntos por debajo, es por los errores y desaciertos propios, en una portería y en la otra, y no por las decisiones arbitrales.

Ni en Anoeta contra la Real Sociedad ni en el Metropolitano contra el Atlético de Madrid en la Copa del Rey ni en Montilivi contra el Girona, las derrotas de los blaugrana se explican y se justifican por las equivocaciones del árbitro y el pulso del VAR a la hora de pintar líneas de fuera de juego, que se produjeron y que cuestan de creer y tragar porque, simplemente, son incomprensibles.

No se entiende que el árbitro no viera el pisotón de Echeverri a Koundé cuando sucede delante de él ni que el VAR no le aconsejara de ir a verlo si las repeticiones son tan flagrantes, o la paciencia para buscar una imagen congelada que “demostrara” fuera de juego de Lamine Yamal en Anoeta y de Cubarsí en el Metropolitano.

El fútbol es un deporte fascinante pero también es un negocio fenomenal. Incertidumbre sí, pero bajo control.

La misma valoración, pero a la inversa, vale para los penaltis en los minutos oportunos y de partir de risa silbados a favor del Madrid en sus últimas victorias, que le han permitido recortar la diferencia de puntos hasta ponerse líder.

Ahora que la imparcialidad de los árbitros y el VAR ha propiciado que el Atlético de Madrid se asegure plaza en la Supercopa de España junto a Barça y Madrid, es de prever que la inescrutabilidad arbitral facilite que la pugna entre blaugranas y merengues por el título de Liga se mantenga viva hasta la “final” del Camp Nou, al menos, que para eso el “sorteo” del calendario ordena azarosamente los Clásicos.

Pues eso, que el fútbol podría ser un deporte maravilloso, si no fuera un negocio colosal.