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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

¿Por qué Flick cambió a Lamine Yamal?

El de Rocafonda no lo entendió porque, a los diecisiete años, no tienes edad para entenderlo

Lamine Yamal, durante el partido ante el Atalanta

Lamine Yamal, durante el partido ante el Atalanta / VALENTÍ ENRICH

Si tienes diecisiete años, eres delantero, estás siendo el mejor y tu equipo está empatando, no hay nada que pueda dar más rabia que ver cómo tu entrenador te cambia cuando solo queda un minuto para acabar el partido y toca lanzar un córner a favor. Esto pasa igual en un partido de juveniles, de benjamines, de Segunda RFEF o de la final de la Champions. Esto, básicamente, es así. Y, de hecho, así debería ser siempre porque lo extraño es que, en este caso hablamos de Lamine Yamal, no se hubiera enfadado. Eso sí habría sido raro.

Hansi Flick sabía perfectamente que esa sustitución no le gustaría al de Rocafonda. Lleva mucho tiempo en esto de los banquillos y, pese a ser consciente de ello, ordenó que entrara Pau Víctor. En ese sentido, el cambio no fue, al contrario de lo que podría pensarse, para defender un empate que al Barça le servía para ser segundo y, además, situaba al Real Madrid en una vía de dieciseisavos . Un delantero sustituyó a otro delantero, así que la idea del técnico seguía siendo la misma. Por ello cabe preguntarse, y esta cuestión no es menor, el por qué del cambio de Lamine Yamal. Solo Flick sabe exactamente las razones que le llevaron a hacerla.

¿Era necesario dar descanso a un futbolista en el minuto noventa y cinco? Si no había motivos físicos y lo que cualquier entrenador quiere es ganar, obviamente no. Pero Hansi, que no da puntadas sin hilo como empieza a observarse también en sala de prensa, cambió antes a Gavi, a Pedri e incluso a Lewandowski que al de Mataró, así que solo dos explicaciones acaban siendo válidas y ambas dicen mucho del técnico alemán y en ningún caso tienen que ver con lo que dijo tras el encuentro: “Hay que pensar en la Liga”. Si así fuera, el cambio debería haber llegado mucho antes. Seguramente, y aunque es solo una especulación, Flick quiso premiar a la vez a dos futbolistas: al propio Lamine Yamal y Pau Víctor.

Los jugadores del Barça celebran el gol de Lamine Yamal

Los jugadores del Barça celebran el gol de Lamine Yamal / Valentí Enrich

La ovación que no fue

Por un lado, el de Sant Cugat merecía tener el premio de degustar su quinto partido de Champions. En todos ellos fue suplente y en total solo suma 34 minutos, trabaja como nadie y las oportunidades escasean, así que antes de entrar en fase eliminatoria, premiarle era de justicia. Sin embargo, la verdadera razón parecía ser otra: el del Maresme, tras un partido de época, de esos que, tras verlo por televisión, te llevan al móvil para comprar la entrada de su siguiente exhibición, debía y era imprescindible que acabara en ovación. Hansi Flick, sin duda, buscó que el frío, no de temperatura, sino ambiental, Montjuïc, le aplaudiera. Lamine no lo entendió porque, a los diecisiete años, no le tocaba entenderlo. Y se fue por el lateral. Lamine no quiere ovaciones, quiere ganar.