Opinión

Redactor de la sección Barça
Fermín López no se toca
Canteranos como él han salvado al Barça de una larga travesía en el desierto

Pancarta exhibida en 2014 en el Camp Nou en protesta contra la sanción de un año sin fichar impuesta por la UEFA / VALENTÍ ENRICH
Cuando un club con las limitaciones salariales que sufre el Barça debe planificar la confección de su plantilla, está obligado a echar mano de los fríos números que expone el Excel. No es sencillo porque ello supone dejar de lado los sentimientos y las emociones indisociables a todo lo que rodea al fútbol.
Mientras clubs-estado como el Real Madrid, el PSG o el Manchester City siguen, amparados por el sistema, luciendo chequera para reforzarse con inversiones multimillonarias, entidades como el Barça están obligadas a operar mirando cada céntimo que gastan y a valorar cualquier venta por muy dolorosa que pueda ser para el proyecto y para la afición.
En el fondo, las palancas y el trilerismo contable son la respuesta forzada ante factores como la Ley Mbappé, los pelotazos urbanísticos o la inyección por la puerta de atrás de petróleo convertido en centenares de millones de euros. El Barça está sentado en la mesa de los grandes jugando con la misma baraja, pero con normas distintas que minimizan su capacidad operativa. La sanción que impondrá la UEFA al club por teóricamente saltarse su normativa en materia económica sirve como ejemplo perfecto para explicar la situación. El modelo de propiedad, singular en un ecosistema dominado por las Sociedades Anónimas Deportivas, acaba penalizando el crecimiento ecónomico y, en consecuencia, deportivo de la entidad.
Un proyecto 'made in La Masia'
Sin La Masia, en definitiva, el Barça sería hoy el Milan o una réplica pobre del Manchester United, clubs que deambulan por el nuevo fútbol sin pena ni gloria y pensando que cualquier pasado siempre fue mejor. No es exagerado, pues, asegurar que el modelo de fútbol formativo blaugrana ha salvado al primer equipo de una larga travesía en el desierto. Precisamente por eso, cualquier movimiento insinuado por el Excel que pueda afectar negativamente al tesoro más preciado con el que cuenta el Barça debe ser inmediatamente rechazado y bloqueado sin pestañear. Y ello incluye el simple hecho de llegar a plantearse la remota y lejana posibilidad de desprenderse en forma de traspaso (por muy lucrativo que pueda ser) de futbolistas convertidos en emblema del proyecto ‘made in La Masia’.

Fermín López, celebrando el gol anulado ante el Real Madrid / SPORT
Nadie entendería que Lamine Yamal, Cubarsí o Gavi estuvieran en el mercado, pero tampoco debería nadie atreverse a valorar la venta de jugadores como Fermín López. Tan cierto es que el club no le ha colocado el cartel de transferible como que si llegara una gran oferta estarían dispuestos a hablarlo. Una cosa es ingresar y cuadrar números con futbolistas cuyo paso por el primer equipo no ha existido o ha sido anecdótico y otra muy distinta es hacerlo con quienes en sí mismo simbolizan todo aquello que es hoy el Barça. Fermín López sudó lágrimas antes de cumplir su sueño de triunfar de blaugrana porque Fermín López es La Masia. Y La Masia no se toca.
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