Opinión | Tuercebotas

Periodista y escritor
Cambio de roles y nuevos egos en el Barça
El esfuerzo, el sacrificio y el talento se dan por supuestos en el deporte de alta competición. La victoria, y sobre todo repetir e instalarse en ella, requiere algo más

fcbarcelona
Los que saben de deporte no se cansan de repetirlo: ganar es difícil, pero lo realmente duro, lo que diferencia a los grandes campeones de los one-hit wonders, es ganar, ganar, ganar y volver a ganar, una vez tras otra. El entrenador del Barça, Hansi Flick, lo sabe y, tras un inicio de temporada peor en sensaciones que en resultados, lo resumió en una frase para enmarcar: “Los egos matan al éxito”.
El ego, en la doctrina de Flick, es al éxito deportivo lo que el miedo y la ira a los Jedi: “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento” y de ahí al lado oscuro hay solo un paso, dijo Yoda. De la misma forma, el ego lleva al postureo, el postureo lleva al individualismo y el individualismo lleva al acomodamiento; y, cuando te das cuenta, eres el PSG pre-Luis Enrique y te pitan la cara en Anfield, en Múnich, en Roma y hasta en Fráncfort. Mucho peor que el lado oscuro.
Diferentes roles
¿Tiene el Barça un problema de egos? Los jugadores se han afanado en decir que no, pero es evidente que los roles esta temporada no son los mismos que en la anterior. Lamine Yamal es el 10, uno de los dos favoritos al Balón de Oro y el jugador franquicia. Sin embargo, sin la extraordinaria producción ofensiva de Raphinha y Lewandowski no hubieran sido posibles los éxitos de la temporada pasada. Futbolistas que empezaron el curso pasado lesionados pero como pesos pesados indiscutibles (Araujo, Gavi) no lo fueron tanto durante la campaña, y ahora deben ganarse el puesto que perdieron. Eric, Ferran y Fermín son valores en alza, amenazas reales para los titulares y no simple fondo de armario.
Un cambio de roles implica un realineamiento de las relaciones en un entorno (el vestuario) y en un ámbito (el deporte profesional) que son, por definición, egoístas. Ocurre en la vida (relaciones, familias, pandillas de amigos) y en los trabajos: todos cambiamos y evolucionamos, y con nosotros muta el colectivo. Las piezas que encajaban meses después se vuelven incompatibles. Las faltas que chuta Lamine Yamal no las bota Raphinha; los goles que marca Ferran deja de convertirlos Lewandowski.
Pero la exigencia imprescindible para ganar permanece invariable. Hay que tener hambre; hay que tener talento; hay que ponerle ganas; hay que sacrificarse; hay que correr; hay que sumar al equipo; hay que sobreponerse a las circunstancias y al rival. Y, aun así, solo puede ganar uno. De ahí el mérito descomunal de los ganadores insaciables: el Big Three del tenis, Messi y Cristiano Ronaldo, la mítica generación del baloncesto español que lideró Pau Gasol. El esfuerzo, el sacrificio y el talento se dan por supuestos. La victoria, y sobre todo repetir e instalarse en ella, requiere algo más: un afán de superación en términos individuales y colectivos. Ser un equipo.
¿Tiene este “algo más” esta plantilla del Barça que tan bien jugó y que ganó mucho la temporada pasada? Aún es pronto para saberlo. Pero algo ha visto Flick que no le gusta, o que le preocupa, en apenas un mes de pretemporada y tres partidos de competición. Ojo.
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