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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

Estar a la altura de Messi

Marc Ciria ha sorprendido a Barcelona con una lona gigante que dará que hablar.

Marc Ciria ha sorprendido a Barcelona con una lona gigante que dará que hablar. / Gorka Urresola/SPORT

Barcelona amaneció el miércoles con una imagen convertida en espejo. Se despertó sorprendida por una lona gigante, Leo Messi sosteniendo la camiseta con el ‘10’ frente al Bernabéu y un mensaje que atravesó la ciudad: “Ganes de tornar-te a veure (ganas de volver a verte)”. La nostalgia, de repente, se hizo memoria.

Porque Messi nunca se fue. Se marchó su contrato y su ficha. Se largó la rueda de prensa solitaria y mojada en lágrimas de agosto que aún queman, pero lo que hizo, su obra, sigue viva y no se marcha en un avión ni prescribe escondiendo su nombre durante meses para que no sea recordado. Eso no pasará porque lo que hizo Messi no pertenece al espacio, sino al tiempo. Y lo que trasciende al tiempo es imborrable y agita el alma.

Desde que Leo se fue, todo ha cambiado. El estadio, la economía, los discursos, incluso la manera de celebrar, que ya no es la misma y que suena distinto porque quienes nutren el Camp Nou son los otros. Hay quien pasa (y obliga a pasar) página rápido, quien convierte la historia en contabilidad y el sentimiento en una hoja de cálculo. Otros reconocen que lo irrepetible no tiene reemplazo. Habrá grandes futbolistas, extraordinarios incluso, que saldrán en la portada de ‘France Football’, pero nadie volverá a ser Leo. Nadie volverá a concentrar en una camiseta la infancia, la rebeldía, la genialida, el orgullo de todo un club y el de dos países: Catalunya y Argentina.

Messi fue, es y será el más grande. No son números, es la huella. Es esa camiseta tendida, símbolo de una era. Es cada regate que desarmaba al rival y ordenaba el mundo. El Barça, con Messi, no competía, dibujaba algo superior llamado arte. El error de 2021 no fue solo económico, fue emocional. Fue echar de su casa al mejor de todos los tiempos sin permitirle aquello que le pertenecía a él y a todo el barcelonismo, fue una muerte súbita, sin derecho a decirle “siempre te querré”. El homenaje llegará cuando se retire, sí. Habrá discursos, vídeos y lágrimas, pero eso será nostalgia y nada más, un sentimiento vacío porque el pasado ya no existe. Messi y todo lo que Messi simboliza merece decir adiós conjugando cualquier verbo en presente.

Si el Barça tiene la oportunidad de volver a verle con la blaugrana antes de colgar las botas, no puede haber dudas. Más allá de balances, más allá de cálculos prudentes, más allá del miedo... ¡Más allá de todo, joder, que hablamos de Leo Messi y el club, su gente, sus socios, deben estar, aunque sea por una sola vez, a su altura. Y su historia, la más bella jamás contada, solo puede cerrarse con un final: si el barcelonismo no es capaz de abrazarle como debe, ya no habrá nada a lo que agarrarse para salvar al Barça.