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Rochemback, 'el relevo de Guardiola' que desesperó a Gaspart: "Tenía un apellido raro, reventaba el balón y no parecía brasileño"

El paso de Fabio Rochemback por el Barça dejó leyendas urbanas y anécdotas inverosímiles que, más de 20 años después, lo han convertido en una figura de culto

Fabio Rochemback era pura pasión

Fabio Rochemback era pura pasión / PACO LARGO

Dídac Peyret

Dídac Peyret

Fabio Rochemback (1981, Rio Grande do Sul) es un exjugador brasileño que llegó al Barça para sustituir a Guardiola bajo la etiqueta de “el nuevo Dunga”. Un plan sin fisuras en el que participaron Rexach, Scolari y un cameo de Josep Maria Minguella.

Rochemback fichó por el Barça en 2001 a cambio de 14,6 millones de euros (2.430 millones de pesetas), con la misión, según él mismo, de “llevar el peso del juego del equipo”. Toda una declaración de intenciones que pronto evidenció una ley no escrita en el fútbol y en la vida: la distancia entre cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás puede ser, digamos, considerable.

Rochemback no entendía el juego y tampoco parecía demasiado interesado en los misterios del tercer hombre; su principal aliciente era reventar el balón. Más que jugar con la pelota, parecía jugar contra ella. Seguro que Freud encontraría alguna explicación jugosa para entender cómo Rochemback concebía el fútbol.

"Era tan bruto que las bolas salían del club"

Durante su etapa como blaugrana demostró que, efectivamente, chutaba muy fuerte, pero también que casi nunca entre los tres palos. Santi Giménez, entonces en SPORT, ahora subdirector de AS, recuerda que ese impulso iba más allá del fútbol. “Àngels Piñol [periodista de El País] fue a hacerle una entrevista y la citó en el Club de Tennis Pompeia. Cuando llegó en moto vio cómo caían pelotas de tenis del aparcamiento. Al entrar, vio que era Rochemback, que estaba aprendiendo a jugar al tenis. Era tan bruto que sus golpes salían del club por la fuerza con que les pegaba”.

Consultada Piñol, hoy no recuerda todos los detalles [no vamos a rebajar aquí la leyenda], pero sí confirma que compartía profesor de tenis con el brasileño, tan competitivo como en el césped. "No era el más delicado con la raqueta pero se le daba bastante mejor que a mí".

Rochemback en el castillo de Montjuïc con los cañones

Rochemback en el castillo de Montjuïc con los cañones / J. MONFORT / Sport

Una bicicleta muy poco brasileña

A pesar de esa fama de brusco, Rochemback se esforzaba de vez en cuando para que no olvidáramos que era brasileño, aunque no siempre con los mejores resultados. “Recuerdo la cara de desesperación de Gaspart en el palco después de que intentara una bicicleta en parado y se le escapara el balón fuera de banda”, apunta Manel Vidal, sotanero, autor de La passada a l’espai y, sobre todo, propietario de una camiseta auténtica del brasileño que le regaló el periodista Llucià Ferrer.

Para mí representa mejor que nadie los años de decadencia de la presidencia de Gaspart. Pero también era divertido porque pegaba unos chuts tremendos, tenía un apellido raro y no parecía brasileño. Quizá exageramos su leyenda y quizás no era tan malo, pero los niños catalanes acordamos que era el peor de todos”.

Rochemback en el césped del Camp Nou con la Senyera

Rochemback en el césped del Camp Nou con la Senyera / V. ENRICH / Sport

Joan Josep Pallàs, redactor jefe de La Vanguardia, también tiene algunos recuerdos exóticos de la época. “Se dijo que era el nuevo Neeskens, porque llevaba las tobilleras blancas como él. Pero lo que más me llamaba la atención era cómo hacía el gesto de Laudrup, de mirar hacia un lado y pasar el balón hacia otro sitio, pero en zonas del campo que no tenían ningún sentido”.

Rochemback, que llegó junto a Geovanni (algunos lo recordarán por lo de “Chusín el precio lo pongo yo” de Anton Parera), también protagonizó alguna anécdota en los entrenamientos. La más recordada fue en la última sesión antes de un Clásico, donde sacó de quicio a Patrick Kluivert. “¿Estás loco?”, le espetó el neerlandés, después de una entrada al tobillo que lo dejó estirado en el suelo durante un buen rato. “Yo en cada entrenamiento es como si estuviera jugando una final”, se disculpó.

"¿Cuánto vale tu casa?"

Más allá del fútbol, Rochemback también coleccionaba algunas leyendas urbanas fuera del campo. Una de ellas relacionada con la noche. Aunque no tenía fama de fiestero, en una ocasión los vecinos se quejaron del ruido que provenía de su casa y su respuesta, siempre presuntamente, habría sido: “¿Cuánto vale tu casa? Que te la pago y te largas”. Una respuesta que una vez más demostraría la impulsividad de este brasileño poco dado al jogo bonito.

A pesar de tener un paso discreto por el Barça, Rochemback dejó huella más tarde en equipos como el Sporting de Lisboa y el Middlesbrough, donde, aquí sí, disfrutaron de un cañonazo que, incluso cuando no entraba, hacía soñar con goles memorables.

Rocheback bebiendo en la font de Canaletes

Rocheback bebiendo en la font de Canaletes / FERNANDO ZUERAS / SPORT

Mientras estuvo en el Barça, se dejó fotografiar con una senyera en el Camp Nou, bebiendo agua en Canaletes o junto a los cañones del Castillo de Montjuïc… porque recordemos que tenía un cañón en el pie.

“Un día estaba de vacaciones en Brasil y me hizo gracia ir a un partido. Fui a un Porto Alegre-Bahia y cuando estaban calentando me reconoció y me saludó: '¿qué haces aquí?' ‘Fotos a cracks’, le contesté, y me dio recuerdos para todos en Barcelona”, apunta Paco Largo, fotógrafo de SPORT durante 21 años.

A su manera, quizá sí que Rochemback se hizo querer, aunque de vez en cuando nos recordara que siempre iba un poco pasado de vueltas. El último episodio, en 2017, cuando fue arrestado por participar en peleas clandestinas de gallos. Rochemback siempre fue ese amigo que, cuando la situación se pone tensa, es el primero en perder los papeles, pero también en defenderte sin pensarlo.