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Lo que muchos ignoran sobre la inflamación: el Nobel que descubrió su lado bueno y su mayor riesgo

El alcohol, el estrés y los alimentos ultraprocesados debilitan tu defensa natural

La inflamación que produce el angioedema no produce picor.

La inflamación que produce el angioedema no produce picor. / Lucyhae. Wikimedia Commons.

David Cruz

David Cruz

El nombre de Ilya Mechnikov puede no ser tan popular como el de otros científicos, pero su legado sigue muy presente en la medicina actual. Este investigador, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1908 junto a Paul Ehrlich, fue uno de los grandes pioneros en el estudio del sistema inmunitario y la inflamación.

Mechnikov defendía una idea que en su momento fue revolucionaria: la inflamación no es necesariamente algo negativo. Según sus propias investigaciones, es una reacción natural del organismo que tiene como objetivo protegernos.

Concretamente, explicaba que este proceso permite movilizar a los fagocitos, unas células encargadas de combatir bacterias y otros agentes dañinos.

Eso sí, con el paso del tiempo, la ciencia ha matizado esta teoría. Aunque la inflamación cumple una función defensiva esencial, puede convertirse en un problema cuando se vuelve crónica.

La ciencia se acerca a la posibilidad de rejuvenecer el sistema inmunitario

La ciencia se acerca a la posibilidad de rejuvenecer el sistema inmunitario / climatetribe.org

En ese caso, lejos de proteger, empieza a dañar tejidos sanos y se relaciona con numerosas enfermedades, muchas de ellas enfermedades autoinmunes.

Hoy se sabe que factores cotidianos como el consumo de alcohol, los alimentos ultraprocesados o el estrés pueden favorecer este tipo de inflamación persistente. Por el contrario, ciertos compuestos derivados de las grasas, como las epoxi-oxilipinas, ayudan a regular la respuesta del sistema inmunitario y a evitar ese daño prolongado.

En la última etapa de su vida, Mechnikov centró su atención en la longevidad. Estaba convencido de que vivir menos de 100 años era morir de forma prematura. Para apoyar su teoría, estudió a campesinos búlgaros, cuya dieta rica en yogur le llevó a plantear los beneficios de las bacterias intestinales.

Sus investigaciones sentaron las bases de lo que hoy conocemos como probióticos, una de las áreas más estudiadas en la salud digestiva moderna.