Caso Cerdán
El Gobierno considera “superada de largo” la prueba de fuego de Sánchez en el Congreso: “El enemigo también ayuda”
En Moncloa se agarran a que sus socios no apoyarán una moción de censura “con PP y Vox”, mientras intentan contrarrestar los ánimos de la oposición
“Algunos habían vendido la piel del oso antes de cazarla”, ironizaba un ministro socialista tras el pleno

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, conversa con el portavoz parlamentario del PSOE, Patxi López, durante su comparecencia en el Congreso por el caso Cerdán. / José Luis Roca
El Gobierno llegó a la comparecencia de Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso con la convicción de que no se jugaba un partido más. Fuentes de Moncloa reconocían previamente en privado que la legislatura dependía del resultado de este pleno. De si los socios parlamentarios mantenían su apoyo tras escuchar las explicaciones sobre el caso Cerdán y valorar hoja de ruta propuesta para luchar contra la corrupción. Tras las primeras réplicas de los socios parlamentarios en la tribuna, empezando por Sumar que había elevado el tono a modo de órdago en los últimos días, y siguiendo por ERC, en Moncloa comenzaron a respirar. “Estamos todos en el mismo barco”, trasmitían, aun de forma contenida a la espera del resto de intervinientes. Finalizada la comparecencia, en la parte socialista del Ejecutivo daban por bueno el resultado. La prueba de fuego, consideraba una ministra socialista del núcleo duro de Sánchez, había sido “superada de largo”.
El jefe del Ejecutivo se centró en atacar a Feijóo con el 'y tú más', hasta llegar a acusarlo de medrar en su partido "a base de tapar la corrupción". No dejó tampoco de aludir a la relación de Feijóo con el narcotraficante Marcial Dorado, en referencia a unas fotografías de ambos que se remontan a hace tres décadas, para recurrir al antagonismo con el PP como el mejor pegamento entre los grupos que apoyaron la investidura. El dirigente gallego respondió ante ello acusando al presidente del Gobierno de ser “partícipe a título lucrativo del abominable negocio de la prostitución”, como mención implícita a un negocio de saunas de su suegro.
"La condescendencia con Sánchez se ha acabado, que se atrevan a desmentir lo de los prostíbulos", apuntaban fuentes populares. "Es el PP quien nos aboca a los bloques, así es difícil que tenga al arco parlamentario de su lado", interpretaban por su parte en Moncloa respecto a que el líder de los populares más que acercarse con su discurso a partidos como PNV o Junts, los habría contrariado.
Las críticas, con mayor o menor intensidad, estuvieron presentes también entre los grupos que habitualmente apoyan al Gobierno y el PNV quiso escenificar un mayor distanciamiento. La portavoz jeltzale, Maribel Vaquero, elevó el tono y hasta se sumó a Coalición Canaria en la petición a Pedro Sánchez para que se someta a una cuestión de confianza si no es capaz de “perimetrar las actividades delictivas a determinadas personas que actuaban al margen de la organización política a la que pertenecían”. En el Ejecutivo tomaron nota del aviso de quienes consideran como "socio prioritario", aunque fuentes del Gobierno trataron de rebajar estas posiciones. Por un lado, enmarcándolas en “discrepancias lógicas” entre partidos diferentes. Por otro, al entender que el propio líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, dinamitó cualquier acercamiento al cargar duramente contra el PNV.
“El enemigo también ha ayudado”, ironizaba a este respecto un ministro con asiento en Ferraz. Este mismo ministro socialista reconocía que los nacionalistas vascos habían sido duros en su primera intervención, pero que tras el “ataque” que les lanzó Feijóo cambiaron el foco para acabar visibilizando su enfrentamiento con los populares. De hecho, pasaron de advertir a Sánchez que “nuestra confianza va camino de la UCI” a acabar enfrentándose al PP y reprochando a Feijóo de engordar a la ultraderecha: “¿Señor Feijóo, ¿cree que así le vamos a apoyar?”.
Un veterano dirigente socialista apuntaba a la falta de incentivos del PNV para dejar caer al Gobierno socialista, teniendo en cuenta su coalición con el PSE-EE en Euskadi. “¿Cómo van a conseguir cosas del Gobierno, entonces?”, se preguntaba. Una respuesta que da pie a que en Ferraz se tranquilicen con que entre pedir una cuestión de confianza y apoyar una moción de censura “con PP y Vox” hay una gran diferencia.
Con un ánimo contenido, un miembro del Gobierno se jactaba de que “algunos habían vendido la piel del oso antes de cazarla”. “Continuamos”, remachaba otro, parafraseando al presidente del Gobierno. Sin señalar que Sánchez ha salido victorioso, desde las filas socialistas se concluía que se habría visibilizado “el fracaso de quien había generado otras expectativas”, en referencia a Feijóo.
La pregunta ahora es por cuánto tiempo, con los socios situando como línea roja que no se extienda la presunta trama de corrupción comandada por el ex secretario de Organización, Santos Cerdán, el ex ministro de Fomento, José Luis Ábalos, y su asesor, Koldo García. Si “esto escala”, apuntaba el portavoz de los republicanos, Gabriel Rufián, “le vamos a pedir que la gente decida”.
Entre la incertidumbre y el desgaste
Desde otro de los grupos parlamentarios que votaron a favor de la investidura de Sánchez se añadía como elemento de incertidumbre, al margen de cómo evolucionen las investigaciones, al “desgaste” del Gobierno. Un desgaste que los socios miden para no asumir como propio con una imagen de complicidad.
La comparecencia de Sánchez este miércoles se vivió a medio camino entre un debate del estado de la nación y un ensayo de cuestión de confianza. En el Ejecutivo intentan pasar página para poner el foco en que ahora “hay que aplicar” el Plan Estatal de Lucha contra la Corrupción concretado por el jefe del Ejecutivo y demostrar además que “funcione”. Se agarran además a que “compartimos la agenda social” con los socios e intentan acotar la presunta trama de mordidas por obra pública, como hizo Sánchez, a “tres corruptos”. “Ni el PSOE ni el Gobierno son corruptos”, añaden.
“Si hay tres delincuentes, pues deben ir a la cárcel”, exhortaba otra ministra socialista para defender que no pueden pagar todos por sus acciones. Uno de los argumentos que recorrió todo el discurso de Sánchez. En su turno de réplica, insistió en ello para asegurar que era consciente del enfado y decepción, pero que “la gente sabe que la indecencia de unos pocos no define al resto” y que “ni José Luis Ábalos ni Santos Cerdán eliminan siete años” de la gestión del Gobierno.
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Vía: El Periódico
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