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Apuntes políticos de la semana

¿Cambiarán las encuestas en este curso político de tierra quemada?

Sin el efecto catalizador de unos comicios a la vista, el votante de izquierdas está más indeciso y tiene menos incentivos para movilizarse que el de derechas

Apuntes políticos de la semana

Apuntes políticos de la semana

Jose Rico

Barcelona

Los voraces incendios de agosto en España no solo arrasaron 336.345 hectáreas, sino también la poca esperanza que quedaba en que la política española diera algún síntoma de haber recuperado la cordura. Queda claro que Gobierno y oposición se han abonado a una estrategia de tierra quemada en la que todo asunto es objeto de confrontación partidista por más víctimas personales o materiales que este produzca. Una guerra sin cuartel ni posibilidad de tregua que durará, al menos, hasta que las elecciones dicten vencedores y vencidos. Como siempre, el único termómetro que tenemos para comprobar quién va ganando en este barrizal son las encuestas, que durante este nuevo curso empezarán a dar pistas más fiables.

En la primera mitad de la legislatura, los sondeos han soplado muy a favor del PP, aunque con un viento cargado de veneno. Pedro Sánchez no tendría opción alguna de salvar el Gobierno por el retroceso del PSOE y, sobre todo, por el hundimiento de la mayoría de sus socios, como el de Sumar. Alberto Núñez Feijóo sería, pues, el único candidato que podría llegar a la Moncloa, pero sigue sin poder sacudirse de encima a Vox. Las encuestas otorgan a la suma de las derechas una mayoría de récord porque el líder del PP mejoraría su resultado de 2023 y porque Santiago Abascal no ha dejado de ganar músculo. Es decir, por primera vez en mucho tiempo, las dos izquierdas bajan a la vez y las dos derechas suben a la vez. Ya no se comportan como vasos comunicantes.

¿Lo tiene todo hecho Feijóo? En absoluto. El problema es que todos los sondeos publicados hasta ahora hay que tomarlos con extrema cautela porque la última cita electoral, las europeas de 2024, fue hace más de un año, y la siguiente, sea cual sea, aún no tiene fecha. Sin el efecto catalizador de unos comicios a la vista, el votante de izquierdas se muestra más indeciso y con menos incentivos para movilizarse que el de derechas, que suele ser mucho más fiel e indemne a las polémicas entre los suyos. Ese letargo del voto progresista se ha acentuado con la sensación de flaqueza que aqueja al Gobierno desde que estalló el caso Cerdán.

Desde luego, Sánchez tiene motivos de alarma porque el PSOE está perdiendo la confianza de segmentos clave de su electorado, como los jóvenes o las mujeres. El barómetro del CIS de julio reflejaba una pronunciada caída en la intención de voto socialista entre las mujeres: del 26,2% al 19,4% en un mes. ¿Quién se benefició? El voto femenino subió dos puntos en el PP y casi cuatro en Vox. Entre 2024 y 2025, la intención directa de voto a Vox ha crecido tanto entre hombres como entre mujeres, pero de forma desigual por edades. Mientras el ascenso global es de 1,7 puntos, entre los jóvenes de 18 a 24 años alcanza los 6,2 puntos y entre las chicas de esta franja, hasta los 7,4 puntos. En términos relativos, esto representa un crecimiento del 135%.

¿Por qué pasa esto? Según la izquierda, porque el PP ha normalizado con sus pactos el discurso ultra, que además campa a sus anchas por las redes sociales. Es cierto, y los incendios han dado un nuevo ejemplo. Cuando se argumenta que las autonomías no tienen medios ni recursos suficientes para apagar los fuegos y que solo el Estado tiene capacidad para sofocarlos, es fácil concluir que las autonomías son prescindibles, como piensa Vox.

Pero hay otra cara de la moneda: la vivienda. Si de algo puede presumir Sánchez, y lo hace, es de la buena salud macroeconómica de España. Pero el precio de la vivenda se anotó en junio la mayor subida interanual (12,7%) desde el estallido de la burbuja. Hoy un piso cuesta un 87% más que hace una década, y aunque los especialistas no ven por ahora el riesgo de otra burbuja porque la economía va bien, la carestía se ceba en los jóvenes y se convierte en combustible para los mensales populistas.

Cuando exista el acicate de las urnas será el momento de comprobar si estas tendencias cambian o se consolidan. Este curso habrá, al menos, dos aperitivos electorales que sacudirán las encuestas: Castilla y León y Andalucía. Ambos comicios tocan en la primera mitad de 2026 y pintan mal para la izquierda, que concurrirá en los dos casos dividida y con nuevos líderes. Pero falta por saber si nos encontraremos unas elecciones generales por el camino. Que Sánchez lo niegue ahora no es garantía de nada. Sin Presupuestos se puede gobernar, sí, pero sobrevivir a una derrota parlamentaria detrás de otra puede hacerse inviable.

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Vía: El Periódico