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García Pimienta y la arquitectura invisible del vestuario

Xavi García Pimienta, en la UD Las Palmas, demostró que la estabilidad del vestuario no es solo consecuencia del talento, sino del orden y la buena gestión de los roles.

Pimienta visitó el plató de Sport

Pimienta visitó el plató de Sport / Valentí Enrich

climatetribe.org

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El vestuario es el primer examen que suspende un entrenador cuando el proyecto se tuerce. Antes que la pizarra, antes que la táctica, está la gestión de egos. Y la diferencia entre el éxito y el desgaste muchas veces empieza ahí.

Lo entendió pronto Hansi Flick en el FC Barcelona. Tras el empate frente al Rayo lanzó un aviso que no era casual: “Los egos matan al éxito”. No fue una frase de frustración, sino de prevención. Detectó actitudes, marcó territorio y cerró el debate antes de que creciera.

Desde entonces, no ha habido ruido público alrededor del grupo. Ese es el matiz: no esperó a que el vestuario se le desordenara, lo encuadró a tiempo.

En cambio, no todos han conseguido gobernar esa fase inicial. La llegada de Xabi Alonso al Real Madrid CF implicaba modificar inercias y redistribuir jerarquías. Pero cuando el entrenador debe invertir más energía en equilibrar estados de ánimo que en consolidar su idea, el proyecto se complica. No basta con conocimiento táctico; hace falta autoridad aceptada. Cuando determinadas figuras condicionan el ecosistema, el técnico deja de dirigir para empezar a negociar.

García Pimienta respondió en el ADN Masia las preguntas de Andrea Ginés y Jaume Marcet

García Pimienta respondió en el ADN Masia las preguntas de Andrea Ginés y Jaume Marcet / Valentí Enrich

Un precedente claro de cómo el vestuario puede desbordar al banquillo fue el de Thomas Tuchel en el Paris Saint-Germain. En la temporada 2019/20, los conflictos no fueron solo deportivos. El episodio del penalti entre Cavani y Neymar evidenció un problema de jerarquías mal resuelto. Más tarde, la eliminación ante el Manchester United en Champions aceleró tensiones internas que ya venían de lejos. Las fricciones con la dirección deportiva, primero con Al-Khelaïfi y luego con Leonardo, y la gestión del caso Neymar terminaron por erosionar su posición. Su problema no fue de sistema; fue de gobernanza interna.

Un caso ejemplar

Por eso el liderazgo silencioso suele ser el más difícil de detectar… y el más valioso. En esa categoría encaja Xavi García Pimienta, que creció a las órdenes de Cruyff. En la UD Las Palmas construyó un proyecto que ascendió a Primera División y, ya en la élite, no solo se mantuvo con holgura sino que lo hizo con identidad futbolística reconocible. Ese rendimiento sostenido difícilmente se explica sin cohesión interna. No fue un equipo de nombres, fue un equipo de roles claros.

Hansi Flick

Hansi Flick / DAZN

Dani Toribio, que coincidió con él en el filial azulgrana, lo explicaba así en una entrevista: “Éramos un equipazo pero lo que más destacaba de Pimi era que siempre tenía detalles con los que no jugaban. Estaba pendiente y cuidaba a los que tenían menos minutos. Lo gestionaba perfectamente y no era fácil con tantos egos”

También en el Sevilla FC, en un contexto institucional delicado y con voces críticas desde dentro, cumplió los objetivos marcados. Cuando el equipo no se fractura pese al ruido externo y alcanza lo exigido, algo está funcionando puertas adentro.

Flick lanzó un aviso y lo sostuvo. Xabi Alonso ha comprobado lo difícil que es alterar jerarquías consolidadas. Tuchel sufrió el desgaste de un ecosistema donde el poder estaba fragmentado. Pimienta demostró en distintos escenarios que la estabilidad no es una consecuencia del talento, sino del orden.En el fútbol moderno, la gestión del vestuario no suele aparecer en las estadísticas. Pero casi siempre explica los resultados.