Opinión

Periodista en SPORT
Yo, mi, me, conmigo

Hansi Flick habla con Christensen en Vallecas / AP
Vallecas será recordado como el lugar donde Hansi Flick pronunció una de las frases más duras desde que es entrenador del Barça. Más listo que el hambre y confirmando lo que le venía rondando desde hace semanas, el técnico azulgrana señaló. “Los egos matan el éxito”, sentenció en la sala de prensa vallecana. Ni le gustó lo que vio minutos antes ante el Rayo ni tampoco lo que viene detectando, con buen tino, desde hace un tiempo.
Aunque en la capital se apresuran a multiplicar el mensaje e, incluso, asegurar que el malestar del alemán también pasa por las celebraciones con corona o con tarta de cumpleaños de Lamine Yamal, lo cierto es que les sorprendió tamaña sinceridad. No era la primera vez. Como tampoco lo fue aquella primera jornada en la que Ancelotti denunció “falta de actitud” en su Real Madrid. Y ya saben como acabó la película para los blancos. Y para él.
Si la veteranía es un grado, uno y otro señalaron en público desajustes al principio de la temporada. A sus sesenta años y con el callo más que hecho, Flick sabe que este equipo no adolece de ‘barrigas llenas’ ni nada por el estilo. Él, que llegó con todo por hacer, consiguió lo inimaginable con un grupo de chavales casi desconocidos y unos veteranos que decidieron aliarse a la juventud y pasarlo bien. En las bambalinas, el staff de Hansi picaba piedra junto al jefe, que ejercía a la par de padre, de psicólogo y de técnico. Y que logró, ¡oh, milagro!, bunkerizar al vestuario y librarlo, casi siempre, de las injerencias del palco.
Lo consiguió aunque sufrió por las inscripciones, por las declaraciones inadecuadas y, en definitiva, por lo que generan todo tipo de entornos. Los de aquí y, sobre todo, los de allí. Se encerró en su mundo, trabajó como pocos y entendió la situación como nadie. Todo influyó en el éxito. Ese al que, según él, minan los egos. Y tiene bastante razón.
Flick llega a tiempo. Lo sabe él y jugadores como Pedri, que tiene claro que ser un equipo es ir todos a una y pensar menos en uno. El ‘Yo, mi, me, conmigo’ de manual que nos resuena a las que ya peinamos canas. Recuerdo esta frase por mi primera entrenadora de baloncesto, que acabó harta de ‘ganchos’ y filigranas varias en pos del aplauso individual. Y la reviví escuchando al ‘mister’ del FC Barcelona que, además de la falta de intensidad que reconoció Lamine Yamal al término del partido ante el Rayo Vallecano, ha detectado que algunos a los que acompañaba la humildad ahora se han abrazado al egocentrismo. Nunca es tarde, y menos con tres jornadas de Liga disputadas, para revisar errores y corregirlos. La Champions League está a la vuelta de la esquina y todos saben que el barcelonismo demanda resultados a quienes, con motivos, les han hecho creer.
El gran Joaquín Sabina le dio una vuelta a la frase de mi infancia y reconvirtió el ‘conmigo’ en un ‘contigo’. Bella canción. Y de eso se trata: de ir más allá de uno mismo por muy grande que sea la tentación. A este equipo hay que pedirle no, exigirle, que sea un 11 en 1.
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