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"¡Calamidad! ¡Montón de mierda!": se cumplen 30 años de la pelea más vergonzosa del fútbol español
El 8 de marzo de 1996, a las puertas de la sede de LaLiga (llamada LFP entonces), dos presidentes, el del Atlético y el del Compostela, además del gerente del club gallego, se liaron a golpes e insultos

Gil, Fidalgo y Caneda protagonizaron la escena el 8 de marzo de 1996
La escena es absolutamente inconcebible hoy en día. Momentos antes de una asamblea de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), lo que hoy es LaLiga, en la calle Alberto Bosch de Madrid, tres dirigentes protagonizan una escena para el bochorno: hay reproches, un puñetazo en la cara y una cascada de insultos que entrará directamente en la galería de los horrores y de la vergüenza del fútbol español.
Los tres dirigentes son el presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil y Gil; el presidente del Compostela, José María Caneda, y el gerente del club gallego, José González Fidalgo.
Ocurrió el 8 de marzo de 1996: hace exactamente 30 años. La escena, que hoy forma parte del imaginario popular colectivo -imborrable para quienes la vivieron o la recuerdan, por algunas de las expresiones que allí se soltaron- resulta ilustrativa de cómo era el fútbol -la sociedad en general- hace tres décadas.
Abrió informativos y monopolizó tertulias. Si llega a suceder 30 años después, las redes, como se suele decir, hubieran ardido: en este caso, con bastante razón.
Presidente y alcalde
Para explicar el incidente conviene explicar el contexto y los antecedentes: Jesús Gil no solo era el presidente del Atlético de Madrid, también era alcalde de Marbella. Su gestión ya levantaba sospechas, como años después confirmaría la justicia.
Y Caneda había hablado públicamente sobre esas sospechas, poniendo en duda la compatibilidad entre ambos cargos. También había expresado, con su sinceridad habitual, su sorpresa sobre la llegada de Gil a la alcaldía. Días antes había dicho en RNE que no entendía cómo la gente de Marbella podía votar a Gil. Y añadió: "Deben ser tontos".
"Te arranco la cabeza"
Gil ya acudió a la LFP con ganas de tomarse la revancha. Llegó acompañado de dos guardaespaldas. Y se fue directo a Caneda: "Como vuelvas a mencionar el nombre de Marbella, te arranco la cabeza", le dice.
Caneda no se arredra. "Digo exactamente lo mismo".
"¿Quieres que empecemos ya?", le responde, retador, Gil. "Cuando quieras", dice Caneda.
"Eres un chorizo y un hijo de puta"
Entre Caneda y Gil irrumpe otra persona: es Fidalgo, el gerente del Compostela, el menos conocido para el gran público. Intenta defender a Caneda y planta cara a Gil. "Eres un chorizo", le grita Gil. "Y tú un hijo de puta", responde Fidalgo.
Es entonces cuando Gil saca a pasear el puño derecho: golpea a Fidalgo en la mandíbula, y rápidamente los dos guardaespaldas de Gil se interponen para evitar que la violencia pase a mayores.
Lo que pasa a mayores es la violencia... verbal: la hostilidad crece a medida que los protagonistas, ya rodeados por una nube de personas que no sabe muy bien cómo actuar, entra en las instalaciones de la LFP. El cruce de reproches e insultos es total, una cascada sin final.
"Eres un hijo de puta y un ladrón", grita Gil, mientras sus guardaespaldas intentan frenarlo. "Tú sí que eres un hijo de puta", dice Caneda. Las cámaras de televisión graban toda la escena.

Fallece José María Caneda, expresidente del Compostela / -
La puerta que no sirvió de nada
"Quieto, presi, que es un hijo de puta que está ahí", dice Fidalgo mientras intenta que Caneda no entre en el cuerpo a cuerpo con Gil.
La puerta de la LFP se cierra en ese momento: Caneda y Fidalgo se quedan dentro mientras Gil se queda fuera, diciéndole a sus guardaespaldas "abre, abre, que a este le voy a poner bien".
"Viene siempre con los malditos guardaespaldas", se lamenta Caneda.
Cuando Gil atraviesa la puerta, los insultos siguen. "¿Tú quién eres para dirigirte a mí, desgraciado?", le dice a Fidalgo. Gil insiste en la tesis con la que había llegado a la reunión de la Liga: "vosotros cobráis del Compostela y yo pongo dinero".
Nadie es capaz de rebajar la tensión: ni siquiera Toni Fidalgo, presidente de la LFP. Caneda, Gil y Fidalgo siguen insultándose sin piedad mientras suben las escaleras hacia la sala de reuniones.
"Tú fuera, que a ti ni te conozco", sigue Gil hacia Fidalgo, a quien desprecia de manera clara.
"Eres un maldito calamidad"
Es entonces cuando Caneda pronuncia las frases más recordadas de aquel incidente. "¡Cuando vengas sin tu gente, calamidad! ¡Eres un maldito calamidad!"
Fidalgo también insulta a Gil: "¡Eres un montón de mierda, cabrón!". Y Gil le responde, amparado por sus guardaespaldas: "¿quieres que te pegue otra igual?".
"Algún día te la devolveré", le responde Fidalgo.
"¿Por qué pegas a mi gerente, mamarracho?", grita de nuevo Caneda. "A este hay que romperle la cabeza", dice Gil mientras sube las escaleras.
Las cámaras dejan de grabar cuando los dirigentes entran en la sala de reuniones.
Dos equipos en la zona alta
Curiosamente, el líder de la Liga era el Atlético de Gil, que acabaría ganando el doblete esa temporada. Y el Compostela, que vivía su época dorada, ocupaba plazas europeas, en la quinta posición de la tabla, aunque acabaría la Liga en el décimo puesto.
Sin sanciones
Inmediatamente después del incidente, varios presidentes de clubes de Primera y Segunda se negaron a iniciar la reunión. Finalmente, se celebró el encuentro, aunque con cierto retraso: ese retraso fue, en realidad, la única consecuencia tangible de la pelea entre Gil, Caneda y Fidalgo.
Lo más sorprendente del caso, sin embargo, sucedió una semana después: Caneda y Gil se sentaron a negociar el fichaje de un jugador, Lubo Penev, que abandonaría el Atlético para firmar por el Compostela. "El trato de Gil fue exquisito; de los mejores que me he encontrado", diría el gallego tiempo después.
"Soy diferente: y tengo dos cojones"
Gil, por su parte, nunca se disculpó. Apenas tres días después del choque con Caneda y Fidalgo, se dirigió a sus aficionados en una reunión de peñas. "¿Soy diferente? Sí. ¿Tengo dos cojones? También. Pero que sepamos dónde estamos: nunca a favor de la violencia, siempre a favor de la inteligencia. Algunos se están aprovechando de la carroña porque no pueden con Gil".
Los peñistas lo aplaudieron con devoción.
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