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Era un icono en el heptatlón, pero lo dejó todo y se pasó a lo longitud

Carolina Kluft, la reina que quiso ser plebeya

Triunfaba en el heptatlón. Era la mejor, la indiscutible nº1. Pero un día se cansó y cambió su vida

C.R.G.

Su historia se hace difícil de entender. La sueca Carolina Kluft llegó a ser campeona olímpica, mundial y europea de heptatlón. Era un ícono del atletismo, una estrella mediática internacional adorada en su país natal con la misma intensidad que el Björn Borg de sus mejores días. Se hablaba de Carolina Kluft...¡y de la Reina Silvia! Ella asumía el rol con inteligencia y dedicaba su vida privada -que mantenía hermética protegida con extremo celo-, a causas humanitarias. Su rivalidad con la francesa Eunice Barber marcó una era de esplendor, lo mismo que su sonrisa y su simpatía en la pista.

Carolina era una gran competidora y una de las figuras más carismáticas del atletismo. Ejerció su poder con tiranía desde el 2000 al 2007. Sin embargo, un buen día se cansó y decidió cambiar. Ya no le bastaba con ganar. Necesitaba probar nuevas experiencias, probarse a ella misma. Optó por el salto de longitud, prueba en la que se manejaba con cierta torpeza, dada su envergadura y su escasa técnica. Lo hizo en puertas de los Juegos de Pekín'2008. Y en esas estamos. Renunció a la gloria para desarrollarse en una disciplina en la que apenas sobresale. Es una más del montón, pero se mantiene fiel a su filosofía: "Yo no quiero ser Roger Federer, que lo gana todo. Para mi la satisfacción está en sentirme feliz con lo que hago, más que en ganar medallas", dijo en una visita a Barcelona.

Ya no la paran por la calle ni le piden autógrafos. No es una celebridad. El tiempo ha borrado su estela pero ella sigue obstinada tras su sueño. Ayer participó en la calificación de longitud y acabó séptima en su grupo con una discreta marca de 6,62 metros, que le permitirá estar en la final. Casi con toda seguridad, no estará en el podio, pero será feliz consigo misma, que no es poco.