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El portero del Rayo que sufrió el racismo más salvaje: "¡Recoge el algodón!"

La puerta 1 del estadio de Vallecas lleva el nombre del nigeriano Wilfred Agbonavbare, portero del equipo entre 1990 y 1996 y víctima de numerosos episodios de racismo que quedaron impunes

Wilfred, durante un partido con el Rayo

Esto pasaba en el Bernabéu hace 30 años / TWITTER

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Él sonreía y le quitaba importancia. Miraba para otro lado, pero lo cierto es que aquello era intolerable desde cualquier punto de vista: era el mes de mayo de 1993, el Rayo acababa de arrancar un empate en el Santiago Bernabéu (1-1) y un jugador concentraba todo el odio y el rencor que la grada de un estadio puede emitir en momentos de frustración.

Acaban de cumplirse diez años de la muerte de Wilfred Agbonavbare, el carismático portero que defendió la meta del Rayo durante seis temporadas, entre 1990 y 1996. Y que ahora, después de su muerte, se ha convertido en un símbolo póstumo contra el racismo que él tanto sufrió (y del que nadie le defendió).

El episodio del Bernabéu fue quizás el más significativo: jugar contra el Real Madrid siempre amplía el foco mediático. Aquel día, el 9 de mayo de 1993, le paró un penalti a Míchel. Y una parte de la grada empezó a gritar '¡negro, cabrón, recoge el algodón!".

La puerta 1 del estadio de Vallecas lleva el nombre de Wilfred

La puerta 1 del estadio de Vallecas lleva el nombre de Wilfred / -

Ni quejas ni denuncias

No hubo denuncias ni quejas. Ni mucho menos se detuvo el partido. En aquel momento, esas cosas formaban parte del paisaje natural del fútbol. A la salida del estadio, varios aficionados hablaban ante los micrófonos de televisión. "La culpa ha sido del negro de los cojones". Otros gritaban '¡Ku Klux Klan!'.

Esa era la España que se encontró Wilfred. Nacido en Lagos (Nigeria) en 1966, su llegada al fútbol español siempre estuvo envuelta en una cierta nebulosa. Viajó de la mano de un representante que se quedaba con buena parte de su salario. Sus primeros pasos no fueron fáciles: apareció un buen día en un entrenamiento del Rayo para pedir que le hicieran una prueba.

Fichado a la primera

El entrenador, Felines, supo apreciar sus virtudes (era muy ágil y de grandes reflejos, aunque no muy ducho en el juego de pies). Lo fichó.

Wilfred no tardó en ganarse al vestuario y al barrio. Al principio, sin demasiados recursos económicos y mientras esperaba sus primeras nóminas, se dejaba invitar por la peña rayista El Campo a comer en el restaurante El Faro. Poco después se instaló en un piso de Vallecas y se convirtió en uno más de las calles del distrito.

"Siempre culpa tú"

Se ganó la fama de ser un tipo entrañable, tímido y generoso. Sus compañeros le tomaban el pelo porque a Wilfred le costaba expresarse en castellano y tenía un acento peculiar. 'Willy, siempre culpa tú', le decían en los entrenamientos cuando encajaba un gol.

Pero al mismo tiempo que se hacía un hueco en el corazón de sus compañeros y de sus vecinos, Wilfred sufría casi cada semana episodios racistas que hoy serían condenados al instante. Le tiraban plátanos y le insultaban. Él prefería mirar para otro lado.

"Es normal porque soy moreno"

"Es normal porque soy moreno y porque he parado bien. Esperaba que la gente me chillase. Soy futbolista y no pasa nada, estoy muy concentrado en el partido", dijo después del empate en el Bernabéu.

Wilfred nunca alzó la voz ni quiso convertirse en símbolo de la lucha contra el racismo. No rehuía el tema, pero no le gustaba hablar de ello. Solo ahora, diez años después de su muerte, y gracias a que la sociedad toma conciencia de sus errores del pasado, se puede convertir su figura en un icono de lo que no debería volver a suceder.

Un triste y solitario final

Su final fue triste: cuando dejó el Rayo firmó por el Ecija, de Segunda división. Se lesionó y tuvo que colgar los guantes. Regresó a Madrid y, corto de ahorros, se puso a trabajar como repartidor en una carnicería y después, en el aeropuerto de Barajas, en el servicio de paquetería.

Vallecas mantiene vivo el recuerdo de Wilfred

Vallecas mantiene vivo el recuerdo de Wilfred / -

También pasó por el Coslada como entrenador de porteros, pero su pista se fue perdiendo. Apenas aparecía ya por los partidos de veteranos del Rayo Vallecano.

Perdió a su mujer, víctima de un cáncer de mama, y falleció el 27 de enero de 2015, también consumido por el cáncer. Solo tenía 48 años.

En sus últimos días, sus ex compañeros de equipo llevaron a cabo una colecta para que sus hijos pudieran volar desde Nigeria y despedirse de Wilfred.

No llegaron a tiempo, pero su memoria sigue viva: la puerta 1 del estadio de Vallecas lleva su nombre: 'Siempre en nuestro recuerdo. Eterno Willy'