El jugador número 13
Generación propia
Aunque el Unicaja logró la victoria ante Girona, el equipo malagueño mostró una preocupante falta de solidez y permitió al rival acercarse en el marcador, evidenciando problemas en el cierre de los encuentros

Jugadores del Unicaja muestran su alegría en el encuentro disputado frente al Girona / l.o.
Juan Carlos Bonilla
Vuelta a la competición para el Unicaja, vuelta a ver al equipo en liza en la Liga ACB, tras encadenar tres derrotas consecutivas en tres competiciones distintas con el remate que significó el sopapo del Real Madrid en el inicio de la Copa del Rey de Valencia.
El partido de Girona tenía la duda de ver qué Unicaja se presentaba. Si esa pretemporada en miniatura que había atravesado el conjunto de Ibon Navarro había sido fructífera en cuanto a la adaptación del equipo a la situación actual con lesiones en jugadores y posiciones determinadas. Ver si esa idea de estar vivo en dos competiciones, con objetivos diferentes pero accesibles en cada una, está en la cabeza de los que han de disputar lo que queda, o sólo en el entorno.
El partido del domingo no era nada cómodo, entre otras cosas porque no hablar de la importancia del encuentro de hoy en Francia es faltar a la realidad. Además, aparte del rival, el Unicaja de ahora ha generado por sí mismo una desconfianza palpable. En parte porque la evolución del equipo no es la que se esperaba, entre cambios, lesiones y todo eso que nos sabemos de memoria. Es lo que ahora hay.
Del listado de cosas a mejorar, una de las que sigue estando ahí es la dificultad a la hora de cerrar los encuentros, algo que ya se ha visto en varias ocasiones y que además de los problemas que plantea el rival, también está en la mano del Unicaja.
Este domingo se vio a un Unicaja actual, con momentos buenos de baloncesto y otros no tanto. Da igual que el rival tenga que recurrir a tres jugadores del equipo filial para completar la rotación y participando en el encuentro no de manera testimonial, sino teniendo que suplir las ausencias de Maxi Fjellerup, Juan Fernández y Sergi Martínez. Y si digo un Unicaja actual, es porque no he visto la evolución que esperaba ver tras el parón por las ventanas FIBA.
El equipo de Ibon Navarro entró al partido a partir de la segunda mitad del primer cuarto. Comenzó a producir mejor con la versión de quinteto quizá menos talentoso en cancha (es decir, sin Kendrick Perry, Chris Duarte y Olek Balcerowski) y jugó veinte minutos en los que consiguió casi veinte puntos de ventaja ante los locales.
Con 41-59 y algo más de quince minutos por jugarse, un tiempo muerto del entrenador gallego hizo que su equipo, en inferioridad por todo lo referido, a base de más ganas, de jugar en casa y de un adormecimiento de los malagueños, llegó a ponerse a tres puntos (78-81). Al final, el partido se sacó con victoria, pero con la sensación que el equipo local tuvo más vida porque el Unicaja lo permitió, aunque lo mismo es lo que puede dar ahora el equipo malagueño.
Esta noche toca algo importante para seguir camino de ir cumpliendo los objetivos de este año, que aún está con mucho por completar. El importante partido de Chalon, frente al equipo francés que ahora se muestra como un rival temible, está en un noveno puesto en su Liga y perdió 102-80 en su visita a un Nancy que ocupa el undécimo puesto.
Básicamente, creo que la poca solidez y la desconfianza que está generando el mismo Unicaja es lo que ahora mismo está transformando el respeto con el que manera habitual se ha tratado a los rivales a algo parecido al miedo. Que los franceses se vean como algo casi inalcanzable. Y creo que los motivos para ello sólo vienen del rendimiento actual poco sólido y fiable de los de Ibon Navarro.
La vuelta a la competición trajo en la rueda de prensa previa al partido de Liga ACB unas declaraciones del entrenador que en cierto modo pueden descolocar. Reconozco que aquellas declaraciones tipo «no hay enemigo pequeño», «hay que sudar la camiseta», etcétera, dan poco juego. Pero hablar de las negociaciones con el Unicaja, equipo con el que tiene contrato hasta 2027 y «con otros clubes» cuando tu equipo pasa por uno de los momentos más bajos desde que llegó, no parece lo más adecuado.
No se me pasa por la cabeza que el vitoriano no esté con sus cinco sentidos en el Unicaja, ni mucho menos. Sobre todo porque tengo memoria y para poner otra cara en el banquillo malagueño que se relacione con éxitos hay que irse muy atrás. Pero también tengo en la memoria que cuando llegó a Málaga, venía de haber sido cesado en un equipo como MoraBanc Andorra, que terminó descendiendo. Es más, se le renovó por sensaciones, porque la duodécima posición al final de la temporada 2021-22 no le daba seguir en Málaga de forma automática, ya que no se metió en el play off.
Si de sensaciones hablamos, está claro que las que tuvieron en su día tanto presidente como director deportivo fueron las correctas, pero las que se están viendo de un tiempo a esta parte, están lejos de lo que todavía, tabla en mano se puede tener. Porque tanto la segunda posición en el grupo de la FIBA BCL, como la sexta en Liga ACB, con el tercero a sólo a un partido de distancia, son mejores que lo que en muchos momentos desde el entorno del equipo se transmiten.
Vía: La Opinión de Málaga
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