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ECONOMÍA

Gonzalo Bernardos defiende el impuesto de sucesiones: "No es un impuesto a la muerte, es un impuesto a los ricos"

El profesor de economía carga contra el relato de algunos políticos y advierte que sin este tributo se debilitan la sanidad, la educación y las prestaciones sociales

El profesor Gonzalo Bernardos

El profesor Gonzalo Bernardos / La Nueva España

Luis Miguel Mora

Cuando fallece un ser querido, al dolor de su pérdida se suman las preocupaciones relacionadas con los trámites necesarios para gestionar y repartir la herencia. Uno de los principales problemas para muchos herederos surge al recibir los bienes del fallecido, ya que en algunos casos deben afrontar el pago del impuesto de sucesiones y donaciones. Ahora, el economista Gonzalo Bernardos ha destacado la importancia y utilidad de este tributo.

El impuesto de sucesiones y donaciones siempre está en el centro del debate político. En los últimos días, el profesor Bernardos ha publicado un hilo en la red social X (antes Twitter) donde defiende que el impuesto es fundamental para garantizar la redistribución de la riqueza y denuncia que si no se paga, solo se beneficia a las personas que tienen grandes patrimonios.

¿Qué es el impuesto de sucesiones y donaciones?

El impuesto de sucesiones y donaciones es un tributo que grava la transmisión de bienes y derechos tras la muerte de una persona, como en las herencias, o de manera gratuita entre vivos, cuando se producen donaciones. Es decir, se aplica sobre la riqueza que se transfiere sin contraprestación a sus herederos o beneficiarios. Su principal objetivo es evitar la concentración de riqueza y fomentar una mayor equidad social.

En España, este impuesto de sucesiones está transferido a las comunidades autónomas, lo que genera importantes diferencias territoriales. Mientras en comunidades como Madrid o Andalucía las bonificaciones son tan elevadas que en la práctica apenas se paga, en otras regiones como Asturias o Castilla y León el coste puede ser considerable.

Además, el gravamen depende tanto del valor de lo heredado como del grado de parentesco con el fallecido. Así, los hijos y cónyuges pagan menos que familiares lejanos o personas sin vínculo de sangre.

Las críticas de Gonzalo Bernardos

En su hilo, el economista deja claro su punto de vista: "En relación al impuesto de sucesiones, me parece muy bien que lo paguen los que tienen un elevado patrimonio. Me parece muy mal que lo hagan los que heredan un piso y un poco de dinero proveniente de un depósito o fondo de inversión", escribía Bernardos.

Bernardos rechaza el argumento de que se trata de un impuesto injusto para las familias trabajadoras. "Aunque lo diga la derecha una y otra vez, los herederos de las familias obreras no pagan impuesto de sucesiones en España. La derecha ha ganado la batalla del relato porque la izquierda no ha sabido generar uno alternativo", afirmó el profesor.

El experto también vincula este debate con la financiación de los servicios públicos: "Si los que reciben en herencia un gran patrimonio no pagan impuestos, hay menos dinero para sanidad, educación y prestaciones sociales. ¿Quiénes son los perjudicados? Las familias con menos ingresos".

"No es un impuesto a la muerte"

Otro de los puntos que Bernardos quiso aclarar es la idea de que este tributo supone una doble imposición o un castigo al fallecimiento. "En el impuesto de sucesiones no hay doble imposición, pues se grava un hecho imponible distinto que en el IRPF. En el IRPF se grava la obtención de ingresos y en el de sucesiones la transmisión de riqueza", explicaba el experto.

"El impuesto de sucesiones no es ningún impuesto a la muerte, pues el muerto ni recibe ni paga nada. Lo hacen sus descendientes, si en España heredan mucho patrimonio. Unos descendientes que reciben un gran regalo, pues ellos no han generado dicho patrimonio", escribía de manera tajante Gonzalo Bernardos.

Para Bernardos, eliminar este tributo supondría cargar aún más el peso fiscal sobre la población con menos recursos, ya que "el impuesto de sucesiones lo pagan principalmente los ricos y el IVA primordialmente los pobres. El esfuerzo fiscal en relación a su renta es mucho mayor en los segundos que en los primeros respecto a su riqueza".

Vía: La Provincia - Diario de Las Palmas