Pogacar y el calor
El jersey amarillo parece moverse mejor con temperaturas frescas en un Tour donde todavía no ha llegado el verano
En los próximos días el Tour buscará la ruta hacia el sur, hacia Andorra y los Pirineos, a través de Nîmes y Carcasona

Pogacar, con el maillot de manga corta durante la etapa / EFE
Hay una duda, como si fuera una pregunta sin responder que se extiende entre los pasillos del Tour. ¿Aguanta Tadej Pogacar el calor? Ni el año pasado, cuando la ronda francesa se corrió en septiembre, ni por ahora, las altas temperaturas han puesto en jaque al pelotón. Es más, parece que el verano no exista en Francia, por lo menos cuando el pelotón se pone en marcha.
El lunes, por los valles que rodean Tignes, lució el sol y la gente se puso a pasear en manga y pantalón cortos, las terrazas se llenaron de decenas de personas felices por temperaturas acordes con el mes de julio, y todos esperaban la llegada de los ciclistas animados por el buen tiempo.
Sin embargo, el día amaneció nublado y con las nubes amenazando tanta lluvia, que un par de horas antes de que llegasen los ciclistas por la zona cercana a la carrera cayó el diluvio universal durante unos instantes. Y luego otra vez. Por si fuera poco, el parte meteorológico advierte que hoy hay posibilidad de lluvia en el Ventoux, lo que se traduce también en que la subida al ‘Gigante de Provenza’ se afrontará sin que el calor haga estragos en el pelotón. Dos veces se asciende hoy una cumbre que ha hecho historia en el Tour con gestas para recordar, el amargo episodio de la muerte de Tom Simpson (1967) y la imagen de 2016 con Chris Froome corriendo sin bici tras caer por culpa de una moto.
Y todo ello beneficia, sobre todo, a un chico criado en Eslovenia y acostumbrado a entrenar sin la dureza del clima, sobre todo en verano, que azota a otras partes de Europa.
Por buscar dudas y con la consigna que cuando un gran campeón del Tour está en forma da igual que caiga granizo, que la nieve sorprenda en las cumbres más altas, o que haga un calor de mil demonios, Pogacar parece ser un corredor que se mueve mejor con tiempo fresco y suave y debido a su edad, solo 22 años, el rendimiento bajo un calor tormentoso podría, solo podría, generar alguna incertidumbre.
Porque, ciertamente, este Tour está resultado extraño y diferente a otros corridos anteriormente. El tiempo en Bretaña fue otoñal y en los Alpes tan propio de invierno que solo faltó decorar los prados de Tignes con la nieve para dar todavía más la sensación de que la carrera llegaba a una estación de esquí, de las más famosas de Francia.
Calor lo que se dice calor solo hizo en la jornada de descanso del lunes, cuando los corredores apenas pedalearon y estuvieron casi todo el día descansando en los hoteles. Y, además, en Tignes, con temperaturas mucho más suaves que en el valle. A partir de mañana el Tour buscará la ruta hacia el sur, hacia Andorra y los Pirineos, a través de Nîmes y Carcasona, lugares donde en otras Grande Boucle se ha vivido un ambiente de canícula y moscas.
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