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TENIS

La transformación de Naomi Osaka, ya en cuartos del Abierto de EEUU: "Solo quiero sonreír y pasarlo bien"

La japonesa, una exnúmero 1 del mundo que puso en primer plano la salud mental de los tenistas, muestra en la pista y fuera de ella los cambios que están relanzando su carrera

Naomi Osaka, en un momento de su victoria sobre Coco Gauff en octavos de final del Abierto de EEUU

Naomi Osaka, en un momento de su victoria sobre Coco Gauff en octavos de final del Abierto de EEUU / Associated Press/LaPresse / LAP

Idoya Noain

Idoya Noain

Nueva York

Naomi Osaka ha llorado mucho en su carrera, incluso en momentos de triunfo. Lloró en aquel Abierto de Estados Unidos de 2018 en el que la presión de una final convertida en un triste espectáculo por Serena Williams llevaron a la entonces adolescente japonesa a tener que celebrar el hito de su primer Grand Slam entre lágrimas. Ahora, otra vez en Nueva York, donde alzó también el título en 2020, Osaka quiere sonreír. Y lo hace.

Por primera vez desde que en 2021 ganó en Australia, y por primera vez desde su retorno a las pistas tras dar a luz en julio de 2023 a su hija Shai, Osaka vuelve a los cuartos de final de un grande, donde este miércoles se cruza con la checa Karolina Muchova, 11ª del mundo. Siempre que ha alcanzado esta ronda, y lo ha hecho cuatro veces antes (dos en Australia y dos en Nueva York), ha alzado el título.

En su camino neoyorquino esta vez Osaka ha cedido un solo set. El lunes superó con algo más que solvencia, en su mejor partido en años, a Coco Gauff, ganadora este año en Roland Garros, a la que la exnúmero uno, de 27 años, se impuso en solo 64 minutos por 6-3 y 6-2.

"Odio decepcionar a la gente"

Pocas jugadoras hay más lejanas de la imagen de una máquina que Osaka. Es una de las atletas que más ha contribuido a poner la salud mental de los deportistas de élite en un primer plano, que no ha dudado en abrirse sobre altos y bajos, o en darle la prioridad a su bienestar psicológico. Es algo que hizo en 2021, el año que abandonó Roland Garros y se saltó Wimbledon y escribió aquel ensayo en la revista ‘Time’ titulado: ‘Está bien no estar bien”.

Por eso justamente usar con ella la palabra resetear, como si se tratara de un aparato electrónico, chirría, pero pocas hay más adecuadas para explicar este momento de la nipona.

En 2024, el año que retornó a las pistas tras la maternidad, no pasó de segunda ronda en los grandes. En este 2025 en Australia y Wimbledon no superó la tercera y peor aún fue Roland Garros, donde cayó en primera, ante Paula Badosa, y se rompió en la sala de prensa, frustrada y autocastigándose. “Odio decepcionar a la gente”, decía antes de marcharse entre lágrimas.

FLUSHING MEADOWS (United States), 01/09/2025.- Naomi Osaka of Japan in action against Coco Gauff of the United States during their women's singles round of 16 match of the US Open Tennis Championships at the USTA Billie Jean King National Tennis Center in Flushing Meadows, New York, USA, 01 September 2025. (Tenis, Japón, Estados Unidos, Nueva York) EFE/EPA/BRIAN HIRSCHFELD

Naomi Osaka, en un momento de su partido en Nueva York ante Coco Gauff. / BRIAN HIRSCHFELD / EFE

En aquel momento, en mayo, ponía a Patrick Mouratoglou, el que fue entrenador de Serena Williams y con el que ella había empezado a trabajar ocho meses antes, como ejemplo: “Pienso en él y me digo: ha pasado de trabajar con la mejor de la historia a tener que decir qué cojones’ es esto”.

Para finales de julio esa relación profesional, que dejó como fruto resultados desiguales, acabó. Y antes de que empezara el circuito de pistas duras en Canadá, Osaka se puso en manos de Tomasz Wiktorowski, el antiguo entrenador de Iga Swiatek (que a su vez ahora entrena con Wim Fissette, con el que Osaka logró dos de sus cuatro grandes).

Dar lo mejor y sonreír

Osaka tiene claro el momento transformador en que algo hizo clic y cambió, poniéndole de nuevo en la mentalidad campeona. Fue en Montreal, donde llegó a la final, su mejor resultado esta temporada. Y dentro de ese torneo, fue en el encuentro de segunda ronda con Liudmila Samsonova, en el que logró salvar dos bolas de partido. “Todo cambió ahí”, según ha reconocido. Desde ese momento ha intentado ser “la mayor luchadora que pueda”. Y desde entonces ha pensado que "todo es posible”.

Así como Gauff, que ha fichado justo antes de empezar el Abierto al especialista en biomecánica Gavin McMillan y ha estado intentando cambios radicales en el torneo ante los ojos de todos, especialmente en su saque, Osaka con Wiktorowski no ha hecho transformaciones drásticas, pero sí abundantes.

No han considerado que sea momento de trabajar en lo técnico, sino que su enfoque es más táctico y la tenista está ganando conciencia de la pista, elige mejor el golpe adecuado en el momento correcto, construye mejor los puntos…

Esa transformación quedó expuesta claramente en el partido ante Gauff. Los cuatro puntos de break de que dispuso Osaka los aprovecho. Ganó el 85% de sus puntos de servicio. Solo cometió 12 errores no forzados. Y se apuntó 16 de los 24 rallies en que hubo cinco golpes o más.

Algo bonito y emocionante en este reseteo de Osaka en Nueva York es verla y escucharla. No es solo por un juego bueno e inteligente, sino también el lenguaje corporal, la expresión en gestos o palabras en la pista o ante la prensa… En las primeras rondas aún le lastraban los nervios, pero cada vez tiene más claro que lo que se quiere llevar de Flushing Meadows es “sonreír y pasarlo bien”. “Solo quiero estar agradecida”, ha dicho también, explicando que jugar contra las mejores le da la felicidad.

Osaka vuelve a hablar con calma de todo, encantada de haber llegado a Nueva York ya por mérito propio y no por invitación, y con el relax que le da saber que ya sus resultados de esta temporada van a permitirle cerrar un año mejor que el pasado. Incluso tiene tiempo para dedicarse a los Labubu, los muñecos-complemento que son un furor de moda y que ella lleva personalizados.

Dice que no siente presión, ni tampoco exceso de confianza. Al mirar al pasado, dice que nunca estuvo realmente cerca de colgar la raqueta, porque hacerlo de forma permanente le daría “miedo” y porque, recuerda, lleva con ella entre las manos desde los tres años y es “como respirar”.

Sigue convencida del poder de visualizar, de imaginar y creer metas y objetivos para ayudar a que acaben luego materializándose. Y este lunes decía que en este punto su carrera entra en “territorio inexplorado”. Visto lo visto, y como ha enseñado hasta ahora, será capaz de encontrar el camino. Siempre a su manera.

Vía: El Periódico