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Nadia Erostarbe: “No imagino la vida en seco”

Nadia Erostarbe

Nadia Erostarbe / Style

Carme Barceló

Carme Barceló

Oigo viento mientras hablo con ella. Pienso que es lógico, claro. Porque Nadia vive pegada al mar, ya sea en su Zarautz natal o en cualquier lugar del mundo donde, nómada, vive durante diez meses al año. Para llegar a ser una de las mejores surfistas del mundo y la primera española que compite en unos Juegos Olímpicos, el sacrificio forma parte del éxito. Oigo viento y le pregunto por sus últimas olas, sufridas y disfrutadas estos días en Marruecos. “Estaba muy resfriada. No me encontraba bien y no cogí olas buenas. Elegí mal. Pero esto forma parte del reto y siempre suma”, me explica en su primer día libre tras la competición. Y lo pasará junto a su novio Guille, que también forma parte de su equipo, surfeando. No visitará mercadillos. Se subirá a la tabla “y a disfrutar. Dedicó el cien por cien de mi tiempo a este deporte. Y me hace muy feliz”.

La historia de Nadia se escribe situándola en una familia de padres locos por el surf que transmitieron esta pasión a sus dos hijas. “Vivo a dos minutos de la playa -explica- y mis días pasaban entre el mar y el skate. No imagino la vida en seco, ni vivir sin el mar. Nuestros viajes de familia siempre eran para buscar olas y cuando crecí, el dinero del viaje de fin de curso lo invertía en ir a cualquier lugar del mundo donde pudiera surfear en lugar de ir a Mallorca con mis compañeros”.

Entonces no imaginaba este presente. Aún digiere lo que supuso ir a unos Juegos Olímpicos. “Si te soy sincera -reconoce- de niña no pensaba en ello, ni tampoco éramos de verlos en casa. Es como si no fuera contigo. Pero clasificarme, vivirlos y conseguir un diploma olímpico ha sido brutal. Muy fuerte”. Erostarbe trabaja la mente porque “no gana el que mejor surfea sino el que tiene mejor conexión con el mar. Lo noté mucho en el ciclo olímpico. En 2019 estuve a una plaza de clasificarme. Me puse mucha presión y fue el peor resultado en un Mundial. En cambio, a los Juegos de París fui mucho más fuerte mentalmente, no me dejé llevar por lo que decían los demás y creí más en mí”. Quien también ha confiado en ella es la firma Oysho, algo que a Nadia la ha emocionado: “Que se hayan fijado en mí y que crean que tengo futuro es increíble”.

El mar es su segunda casa, con el que “tengo una relación de amor-odio. A veces está contra ti, coges olas malas pero también te da la mejor de tu vida. ¿Cuál ha sido la mía? Una en Tahití, en uno de mis primeros viajes. Un tubo precioso, con las montañas que se veían por detrás… Uf, una pasada”.