NEUROLOGÍA
Un nuevo anticoagulante experimental muestra resultados prometedores para prevenir la recurrencia del ictus
Un ensayo clínico internacional de fase III revela que el anticoagulante experimental asundexian reduce las recurrencias de ictus isquémico en un 26%, abriendo una nueva vía en la prevención secundaria de esta enfermedad

En España, se registran cada año entre 110.000 y 120.000 nuevos casos de ictus. / Shutterstock

Un fármaco en investigación podría abrir una nueva vía en la prevención secundaria del ictus, una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Los resultados del ensayo internacional de fase III OCEANIC-STROKE indican que el anticoagulante experimental asundexian, desarrollado por la farmacéutica Bayer, redujo en un 26% el riesgo de sufrir un nuevo ictus isquémico en pacientes que ya habían padecido un accidente cerebrovascular, sin incrementar las complicaciones hemorrágicas graves.
El estudio, presentado durante la International Stroke Conference celebrada en Nueva Orleans, incluyó a 12.327 pacientes con ictus isquémico no cardioembólico o accidente isquémico transitorio (AIT) de alto riesgo. Todos recibían tratamiento antiplaquetario estándar, al que se añadió el fármaco experimental o un placebo.
Según los resultados, los pacientes tratados presentaron una reducción significativa de los episodios recurrentes en comparación con el grupo control. El beneficio se mantuvo de forma consistente independientemente de la edad, el sexo, el tipo de evento inicial o las estrategias habituales de prevención secundaria empleadas.
Un mecanismo diferente dentro de los anticoagulantes
El neurólogo Francisco Moniche explica que el interés del tratamiento reside en su mecanismo de acción. “Se trata de un anticoagulante con un enfoque totalmente novedoso. Su objetivo es evitar la formación de trombos -lo que solemos explicar a los pacientes como ‘hacer la sangre más líquida’-, pero actuando en una fase distinta del proceso de coagulación”, señala.
Los anticoagulantes tradicionales reducen la formación de coágulos, aunque a costa de aumentar el riesgo de hemorragias. En este caso, uno de los aspectos más destacados del ensayo fue precisamente la seguridad: la tasa de sangrado mayor fue similar a la observada con placebo y no se registraron incrementos relevantes en hemorragia intracraneal, ictus hemorrágico ni sangrados mortales.
“Lo relevante es que consigue reducir los eventos isquémicos sin demostrar un aumento significativo del riesgo de sangrado, algo que siempre preocupa en la práctica clínica”, añade Moniche.
120.000 ictus al año en España
Cada año, alrededor de 12 millones de personas sufren un ictus en el mundo, y entre un 20% y un 30% corresponden a recurrencias. El riesgo sigue siendo elevado incluso con los tratamientos actuales: aproximadamente uno de cada cinco supervivientes experimenta un nuevo episodio en los cinco años posteriores.
En España se producen entre 110.000 y 120.000 ictus anuales. Cerca del 20% de los pacientes fallecen y hasta la mitad de los supervivientes presentan secuelas permanentes. Por ello, reducir la repetición de eventos tiene un impacto directo tanto en la mortalidad como en la discapacidad.
"Disminuir la recurrencia en un 26% implica reducir de forma significativa la dependencia y las complicaciones asociadas a nuevos episodios", afirma el especialista. "Prevenir un segundo ictus supone un beneficio enorme no solo para el paciente, sino también para su entorno familiar y para el sistema sanitario".

El ictus es la segunda causa de muerte, y la primera entre las mujeres. / Freepik
Terapia complementaria
El ensayo incluyó los principales subtipos de ictus definidos por la clasificación TOAST, como los asociados a aterosclerosis de grandes arterias, enfermedad de pequeños vasos o causas indeterminadas. En todos ellos -excepto los de origen cardioembólico, que requieren otro tipo de anticoagulación- se observó una reducción similar del riesgo de recurrencia.
Los pacientes participantes ya recibían tratamientos antiplaquetarios habituales, como ácido acetilsalicílico solo o combinado con otros fármacos. El nuevo medicamento se evaluó como terapia añadida a estas estrategias estándar, contexto en el que mostró su efecto protector.
Impacto en la práctica clínica
De confirmarse los resultados tras la evaluación regulatoria, el fármaco podría incorporarse como una opción adicional para pacientes con ictus isquémico no cardioembólico, el tipo más frecuente y responsable de entre el 75% y el 80% de los casos.
Moniche subraya que, como ocurre con cualquier nuevo tratamiento, será necesaria una implantación progresiva y un seguimiento estrecho tras su eventual aprobación. “Los datos del ensayo son muy favorables, especialmente en seguridad, pero siempre necesitamos comprobar cómo se comporta en la práctica clínica real”, indica.
El compuesto aún no cuenta con autorización para su uso clínico y deberá ser evaluado por las agencias reguladoras antes de una posible comercialización. No obstante, los resultados del estudio sitúan a los inhibidores del factor XIa como una línea emergente en la investigación cardiovascular, con el objetivo de reducir trombosis sin aumentar el riesgo hemorrágico, uno de los principales retos terapéuticos tras un ictus.
Vía: La Nueva España
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