REAL MADRID
Xabi se arruga con el vestuario y aparca la meritocracia
El ruido del entorno ha hecho que dé un paso atrás con las vacas sagradas, para olvidarse de su forma de actuar hasta aquí y dejar en el aire su capacidad de mando

Xabi Alonso, lamentó una "descontrolada" segunda mitad en el empate sin goles contra el Rayo Vallecano / Atlas News
Florentino Pérez empieza a tener el mismo problema que en 2006 cuando dimitió por crear un jardín de infancia de jugadores consentidos. El año pasado se volvió a detectar cierto paralelismo con aquella etapa y su decisión fue rescindir el contrato de Carlo Ancelotti. Los jugadores se pasaron el mensaje futbolístico del italiano por el forro de sus caprichos para no jugar a nada.
Revuelta
El arranque de Xabi fue prometedor. Introdujo ideas futbolísticas nuevas basadas en la cultura del esfuerzo. Es el fútbol moderno. Presionar, correr y anular al rival para que gane la clase y el talento del mejor equipo. Ilusionó al madridismo, que flipó viendo como esos jugadores perezosos con Ancelotti se esforzaban en la presión y dominaban los partidos de cabo a rabo.

Xabi Alonso, lamentó una "descontrolada" segunda mitad en el empate sin goles contra el Rayo Vallecano / Agencias
Los resultados avalaban la apuesta. Xabi rotaba el once inicial con cuatro o cinco cambios por partido y todo iba miel sobre hojuelas. Pero una tarde una de esas vacas sagradas que Florentino mima y admira se revolvió contra el entrenador porque le quitó en un partido importante. Se montó la marimorena y el pulso lo ganó el capricho del jugador tras amenazar con irse, y que encontró el respaldo del vestuario de vedettes.
Conformista
Desde entonces, Xabi se ha arrugado quizá porque le han dado un toque desde arriba o, quizá, porque no quiere perder el control del todo. Los jugadores se han relajado avalados por su áurea (el presi) que les protege de entrenadores y disciplinas. Ya no rota como venía haciéndolo. Ya no habla claro en sus comparecencias públicas. Se limita a defender difusamente a sus jugadores. Se le empieza a ver conformista.
Es más fácil para el club y sus gestores entrar a saco en la caseta del entrenador que en la de los jugadores. Esto empieza a pintar mal para Xabi, como le ocurrió a Lopetegui o a Benítez, entrenadores que también conocían la casa e incluso el vestuario, pero no contaban con el blindaje que tenían unas estrellas dispuestas a hacer la cama a quienes disturben su sueño.
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