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El club de los náufragos del Madrid: del inédito Reinier a Cassano, el amante de la Nutella

El brasileño, fichado por en 2020, no ha disputado un solo minuto en el equipo blanco, que se plantea rescindir el último año de un contrato que se suma a la lista de peores incorporaciones de la entidad

Reinier Jesus Carvalho, el día de su presentación con el Real Madrid en 2020.

Reinier Jesus Carvalho, el día de su presentación con el Real Madrid en 2020. / LUCA PIERGIOVANNI / EFE

Denís Iglesias

Denís Iglesias

Madrid

El día en el que un jugador ficha por un grande, como el Real Madrid, puede ser el mejor de la vida o convertirse en el inicio de una travesía en el desierto. En el club blanco hay historias de jugadores que solo fueron felices en su presentación. Para Renier Jesus (Brasilia, 2002), aquel 18 de febrero de 2020 terminó resultado el único momento en el que pudo ponerse la camiseta del primer equipo. Desde entonces, un sinfín de cesiones infructuosas y un total de cero minutos con el Real Madrid, con el que tiene contrato hasta 2026. Aunque no cuenta ni para hacer la pretemporada.

Los vídeos de Zidane no le funcionario a Reinier

En el palco de honor del Santiago Bernabéu, Reinier se echó a llorar después de ver las mejores jugadas de su etapa en el Flamengo, con el que venía de ser campeón de la Libertadores. Con el mediocentro ofensivo, Florentino Pérez se vanagloriaba de tener a los tres mejores jóvenes del fútbol brasileño, junto a Rodrygo y Vinicius. El club blanco abonó 30 millones para hacerse con Reinier, quien, como los otros citados, pasaría un periodo de prueba en el Castilla de Raúl González. De nada le valió la idolatría que mostró hacia Zidane, de quien su padre, Mauro, le ponía vídeos de pequeño.

Algunos quisieron ponerle el cargo de ser el 'nuevo Kaká', como si eso fuese a funcionar en un equipo donde, precisamente, el multimillonario brasileño, que en realidad era de todo menos un jugador brasileño al uso, fracasó. Decían de Reinier que era un joven con zancada y gran visión de juego, una apuesta de jugador joven que se ponía al nivel de otras que habían cuajado, como Varane, Casemiro o Valverde. El Real Madrid lo intentó de todas las maneras pero no consiguió no ha conseguido ni que sea jugador apto para el primer equipo ni atractivo para un traspaso.

Reinier es un náufrago que se ha convertido en un jugador amortizado con apenas 23 años. La última temporada la pasó en el Granada, donde anotó un gol y jugó más de 1.400 minutos, que suponen un hito si se comparan con las exiguas participaciones en el Borussia Dortmund. Tampoco cuajó en el Girona y descendió con el Frosinone italiano tras, por lo menos, aumentar su cuota de pantalla. El brasileño se ha dedicado en los últimos tiempos a prepararse con un entrenador individual. Como la mayoría de los fichajes que no cuajan en territorio blanco, se aferra a su contrato para mantenerlo.

"Cuídate Cassano, mañana vístete bien"

En el club de los náufragos del Madrid habitan jugadores de todo tipo y perfil. El más sonado en los últimos tiempos fue Eden Hazard, quien por estas fechas, al inicio de la pretemporada, siempre trataba de ilusionar al madridismo. El deseo era fugaz y con la llegada de la competición se diluía, dejando incomprensibles los 100 millones que se pagaron por un jugador aspirante al Balón de Oro con el Chelsea. En Madrid fue más protagonista por estar fuera de forma que por cualquier regate. Qué lejos parece aquel 7 de agosto de 2019 cuando el belga hizo un gol contra en el RB Salzburgo con el que los de Chamartín se crearon una falsa ilusión.

Hay otros náufragos que ni se preocuparon por la fase del enamoramiento. El caso más claro fue el de Antonio Cassano. "En Madrid, inmediatamente después de llegar perdí 12 kilos, luego los volví a ganar. Nutella era uno de los patrocinadores y cada mes nos regalaban cinco kilos del producto. Al llegar Capello hice dos goles en dos partidos y me sentía el rey del mundo. Me sustituyó en el primer tiempo ante el Lyon, me pelee con él en Jerez y me sacó del equipo. En siete meses gané 14 kilos, comía la Nutella directamente desde el bote, a cucharadas, y todo me daba igual. Daba asco".

Esta declaración del italiano ilustra mejor que nada su paso por el club blanco. Transgredió todos los límites de una entidad que siempre guarda las apariencias. Por ejemplo, es impensable ver ahora un jugador presentándose en el Real Madrid como lo hizo Cassano. "Recuerdo que el día antes, Butragueño se me acercó y me dijo: 'Cuídate Antonio, mañana vístete bien'. Fui con un abrigo de piel, dos relojes, cuatro anillos, tres collares, dos pulseras, dos pendientes... Emilio se quedó blanco después de verme. Para ir así a Madrid había que tener cojones", recordó años después.

El tatuaje de Woodgate y la siesta de Faubert

Hay veces que la fama es injusta y persigue a los jugdores. Otras veces es adivinatoria, como en el caso de Jonathan Woodgate, por el que el Real Madrid pagó 18 millones en 2004. Son más de los partidos que jugó un central que no paró de lesionarse. Alrededor, un entorno convulso, con antecedentes por golpear a un asiático, conducir ebrio y, a pesar de su timidez, compañías mejorables para consolidarse en la élite del fútbol. Igual el enorme tatuaje que tenía en la espalda el inglés servía de advertencia para lo que sería su pobre rendimiento.

"Los momentos más oscuros de nuestras vidas no deben ser enterrados ni olvidados, más bien son un recuerdo que debe permanecer para servir de inspiración y para recordarnos la fortaleza del espíritu humano y nuestra capacidad para superar lo intolerable". La cita, demasiado larga para decorar una espalda, lúgubre y resiliente, bien valdría para definir el paso de los jugadores del club de náufragos del Real Madrid, del que también forman parte otros nombres como Mariano Díaz. Un excanterano repescado que consumió su contrato a pesar de llegar al punto de caerse del mercado.

Fuera de juego tambén se quedó Pedro León, uno de los jugadores españoles más prometedores en su momento, cuando Jose Mourinho le espetó: "Si se estrella el avión del Real Madrid y tú estás en casa, tampoco jugarás el próximo partido". Otros por lo menos lograron sentarse en el banquillo, aunque la inactividad acabó por convertir la espera en sueño. Y no precisamente de los cumplidos, como le ocurrió a Julien Faubert, quien se rebelaría ante su imagen dormitando. "Solo estaba decepcionado", se defendió en un reciente documental.

Kaká y Robinho, dos opuestos para un mismo fracaso

Faubert ha protagonizado recientemente una campaña para una casa de apuestas con otro de los grandes fiascos del Madrid: Royston Drenthe. “Lo primero que le diría a mi uo del pasado es que salir mucho de fiesta no está bien para un profesional. Si tu bebes mucho alcohol, o vas tarde a la cama por estar jugando a la PlayStation luego no vas a rendir”, razonaba el neerlandés, quien intento todas peripecias para mantenerse en el fútbol a pesar de su dejadez.

Otro jugador con tendencia a la nocturnidad fue Robinho, de quien solo quedaron aquellas bicicletas efectistas ante el Cádiz. En marzo de 2024, el brasileño ingresó en prisión a los 41 años. Fue acusado en firme a 9 años por una violación grupal en Italia a una ciudadana albanesa en 2013 en una discoteca de Milán. Desde la prisión le ha llegado la noticia del debut de su hijo con el Santos -también fue su equipo de formación- en el Brasileirao. Mucho más ordenada era la vida del evangelista Kaká. Aunque venía de ganar el Balón de Oro y ser el líder absoluto del Milan, nunca encontró su sitio.

"Mi problema en el Madrid fueron las lesiones y Mourinho… me pasé tres años intentando convencer a Mourinho de que podía darme oportunidades. Florentino dice que fui uno de los jugadores más profesionales que pasó por allí". Y con eso se quedó el brasileño, algo que no puede decir Luka Jovic, junto con Hazard, otro de los grandes fiascos recientes.

Un futbolista que, como Reinier, encadenó cesiones con el vano intento del club blanco para que no perdiese valor. Misión imposible cuando un jugador decide ingresar al club de los náufragos, donde la desconexión con la realidad del Madrid termina por dilapidar carreras, incluso en fases tan primarias como las del hombre que ahora busca a la desesperada un nuevo equipo.