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El arma secreta que el Madrid estaba esperando

Salir del club de toda su vida, el Liverpool, acoplarse a una nueva vida sumado a las lesiones, han retrasado la puesta en escena del inglés, un lateral con alma de arquitecto

Arbeloa, sonriente en el último partido del Madrid

Arbeloa, sonriente en el último partido del Madrid / Juanjo Martín / EFE

Alejandro Alcázar

Alejandro Alcázar

Trent Alexander-Arnold no es un lateral derecho al uso. Su fuerte no es defender, aunque cumple con su tarea siendo vulnerable. No está cortado por ese patrón que representa Dani Carvajal, un perro de presa que no regala nada y que forja en el físico su poderío, además de una buena técnica. Trent es diferente, es un defensa con alma de arquitecto.

Inteligente

Es un pasador preciso, que lanza a sus compañeros o desahoga el juego encontrando al amigo desmarcado. “Por lo que he trabajado con él y lo que he podido hablar con él, me parece un chico muy inteligente”, subraya Álvaro Arbeloa, que agrega: “Entiende el juego y capta rápido lo que queremos de él. No es el típico lateral que siempre va a la banda; puede jugar por dentro, moverse, intercambiar posiciones…”.

Desde Liverpool apuntaban que acabaría siendo un jugador fundamental para el Real Madrid como lo fue allí. Su salida fue traumática. Un futbolista hecho en la casa, de los que pensaban iba a ser un ‘One Club Men’. Era el corazón del equipo, el que hacía jugar a sus compañeros con sus pases. Extrañaba que diera un nivel lejos del que deleitó a Anfield, pero empieza a destapar sus mejores cualidades.

Perdido

Ha necesitado tiempo para adaptarse a una nueva vida en lo social y en lo deportivo. Le costó abandonar su zona de confort. En sus primeros partidos de blanco, en el Mundial de Clubes, se le vio perdido, desconectado. Acostumbrado al ecosistema del Liverpool, en el que representaba un rol estelar, aparecía empequeñecido dentro de un grupo en el que se veía extraño. El cambio de camiseta le llegó muy rápido y no acabó de asimilarlo.

En el comienzo de temporada empezó a entender lo que el equipo necesitaba de él, y dejó patente su calidad pero también ciertas carencias defensivas. Compararlo con Carvajal era inevitable, y salía perdiendo. Una lesión muscular en el bíceps femoral izquierdo frenó su adaptación. Estuvo 40 días en la enfermería y cuando volvió tardó cuatro partidos en recuperar la titularidad.

Regreso esperanzador

A partir de ahí, empezó a mostrar su mejor versión. Jugó cuatro buenos partidos, incluso excelente. Pero cuando mejor estaba, volvió a sufrir una lesión muscular en el recto anterior del cuádriceps de la pierna izquierda. Necesitó 67 días para recuperarse y volver a entrar en dinámica. Reapareció en Mestalla, donde jugó unos minutos, y Arbeloa le dio galones ante la Real Sociedad.

Su partido ante los donostiarras fue destacado. Jugó una hora con un 91% de acierto en la salida de balón. Mostró su gran repertorio de pases en corta, media o larga distancia. Facilitó la asistencia milimétrica de 37 metros a Gonzalo para romper el marcador. Una jugada que le dio esa confianza que necesita cualquier futbolista para mostrar su mejor repertorio. Ahora es Arbeloa el que tiene que medir sus elecciones entre el inglés y Carvajal, dos laterales a los que el Madrid ha echado de menos.