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Premio Valores Proyección: Andrés Temiño

El joven barcelonés, doble campeón del mundo con solo 21 años, tenía un sueño de niño y lo cumplió siendo un adolescente

Andrés Temiño recoge el Premio Valores Proyección

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A los dos años ya sujetaba un arco más grande que él. A los seis, soñaba con vencer a sus ídolos. Y a los 21, Andrés Temiño ya podía decir que lo había logrado. El joven arquero aragonés, que se proclamó recientemente doble campeón del mundo, fue reconocido por el Diario SPORT con el Premio Valores Proyección en la Gala Valores, un galardón que simboliza no solo su meteórico ascenso, sino también su madurez, humildad y compromiso con el deporte que seguro que le llevarán a cotas mucho más altas en años venideros.

Temiño representa a una nueva generación de deportistas que miran lejos sin dejar de mirar atrás. Hijo de arquero, empezó a disparar flechas casi antes de aprender a andar. Su padre fue su primer entrenador, su ejemplo y su cómplice en una pasión que se ha convertido en forma de vida. Desde el jardín de casa hasta los escenarios más exigentes del planeta, Andrés ha mantenido intacto ese vínculo familiar que lo sostiene y lo inspira.

El sueño tomó forma muy pronto. Con apenas seis años, ya se imaginaba enfrentando a los mejores del mundo: Brady Ellison, cinco veces medallista olímpico, y el surcoreano Kim Woojin, considerado una leyenda del tiro con arco. Lo que parecía una fantasía infantil se convirtió en historia menos de dos décadas después, cuando en Corea del Sur, frente a su público y sus referentes, Temiño no tembló y los venció con la serenidad de un veterano.

Su triunfo fue mucho más que una medalla. Fue la confirmación de que el talento, cuando se acompaña de trabajo, perseverancia y educación deportiva, puede derribar cualquier barrera. En un circuito dominado tradicionalmente por asiáticos, el nombre de un joven español irrumpió con la fuerza de una flecha certera, limpia y directa al corazón del éxito.

El reconocimiento de SPORT quiso subrayar precisamente su capacidad para crecer sin perder la esencia, su respeto por el esfuerzo y su visión a largo plazo. A su edad, muchos miran el futuro con ansiedad; él lo hace con calma, sabiendo que la mejor versión de un deportista no se mide solo en títulos, sino en la forma de alcanzarlos.

Temiño encarna el tipo de atleta que el deporte necesita: joven pero maduro, ambicioso pero sensato, competitivo pero noble. Su irrupción en la élite mundial es una llamada a las nuevas generaciones, una demostración de que el talento sin valores se queda a medio camino.

Esa noche, en la sede del COE en Madrid, Andrés Temiño recibió su premio con una sonrisa contenida y una promesa: seguir entrenando, seguir mejorando y, sobre todo, seguir disfrutando. Porque, al final, el niño que empezó a lanzar flechas a los dos años sigue ahí, apuntando siempre un poco más alto.