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Reacción en corto del Oviedo: 1-1 en su visita al Espanyol

Los de Almada se adelantan, regalan la primera mitad y reaccionan con brío en una segunda parte a la que solo le faltó el gol del triunfo

Así fue el partido entre el Real Oviedo y el Espanyol

Así fue el partido entre el Real Oviedo y el Espanyol / FC9

Nacho Azparren

Cornellá (Barcelona)

Un escalofrío recorre la espalda del oviedista cuando se accede al precioso RCDE Stadium -un Tartiere bien hecho- cuando se observa la meta delante de unos fondos y aún se puede atisbar la figura de Puado firmando un doblete demoledor para la ilusión carbayona. Volvió el Oviedo al lugar del crimen, su Vietnam particular, aunque a pesar de todo en Primera, para enfrentarse a viejos fantasmas y, lo más importante, tomar oxígeno, vida, en su agonizante lucha por seguir en el escenario principal.

La noche dejó de todo. Un golpe inicial de suerte mal gestionado por un juego ramplón y una reacción más que digna tras el descanso en la que los de Almada coleccionaron de nuevo llegadas sin esa pizca de acierto que se exige en Primera. Con todo un 1-1 en forma de tirita tras lo de Vallecas pero insuficiente desde el punto de vista de necesidad en el que avanzan los azules -esta vez de rosa- en el estrecho sendero con una peligrosa pendiente hacia Segunda.

Salió el Oviedo con unas alas renovadas, parece que buscando la frescura que en Vallecas no se coló en la expedición. Empezó dominando el Espanyol, algo que resultaba previsible ante la crisis que azota a los de Manolo. Qué mínimo que salir a por el rival. Sibo concedió una falta a los dos minutos y los locales dispusieron de par de córners sin rematador antes de que al Oviedo le surgiera una oportunidad de la nada.

Fue una buena jugada, también hay que decirlo, en la que Ilic probó con un cambio de orientación y a partir de ahí Thiago se montó su propia aventura. Tiró de chispa y talento para superar a Omar en dos intentos y, alcanzado el final del camino, cedió atrás, justo donde llegaba Reina, que agradeció el detalle de su compañero mandando la bola a la red.

Si el 0-1 era un detalle, minuto 8, que debía lanzar al Oviedo en la autoestima no se noto. Pesó más el miedo a perder la renta que otra cosa, y el Espanyol pasó a monopolizar la pelota ante un rival que no es que no inquietara a Dmitrovic es que directamente era incapaz de conectar 2 o 3 pases seguidos en campo del contrario.

Ya del saque de medio tras el tanto, el Espanyol se fabricó una llegada exprés que Aarón neutralizó ante Romero -el mejor futbolista este sobre el césped-. Kike peinó alto un córner casi de inmediato para advertir al Oviedo que aquello se le podía hacer eterno si solo pensaba en atrincherarse delante de Aarón.

La primera media hora de abrumador dominio local. En posesión y llegadas. Ni un arranque individual lograba sacar al Oviedo de sus problemas. Romero volvió a probar con su zurda y se quedó a poco de la gloria. Después fue Dolan el que se escapó en su flanco pero Aarón le tapó la vía al gol.

Daba la sensación, superada la media hora, que el Oviedo había superado su tramo de más endeblez y que incluso daba síntomas de querer calmar las cosas. Sin llegadas, pero tratando de anestesiar el choque con largas posesiones. Fue ahí donde llegó el guantazo. Consecuencia directa de una defensa que está transitando por un periodo de profundas dudas.

En el empate fallaron casi todos. Javi López le cedió a Ngonge espacio y tiempo para poner un centro que parecía ramplón. Carmo volvió a hacer gala de su habitual falta de contundencia y ni Calvo ni Vidal llegaron a tapar a Kike, que con mucho menos que esas facilidades ha forjado una carrera en la élite como caza goles. Hizo lo de siempre: definir a la red. Pareció satisfecho el Espanyol que hasta el descanso levantó el pie del acelerador, como guardando fuerzas para que lo vendría tras el receso. El Oviedo, a pesar del empate, tenía que agitar las cosas. Su primera mitad, gol al margen, había sido de lo más flojo de la temporada. En la línea continuista de Vallecas aunque con mejor resultado. Y eso ya es decir.

Al menos las intenciones parecían la de dar un paso al frente de primeras, porque el Espanyol ya no jugaba solo. Donde antes solo había sombras, ahora existía una oposición real. La consecuencia es que el dominio estuvo algo más repartido.

Un error de Vidal posibilitó al Espanyol la posibilidad de correr. Dolan, tras rechazar Aarón, disparó a la red por fuera. Quizás para contribuir a avivar la chispa no esperó Almada a hacer los cambios y a los 56 minutos ordenó la entrada de Colombatto, Chaira y Hassan, tres habituales titulares.

La sangre fresca fue la excusa para dar otro paso al frente. Posicional, no de juego. Y con los riesgos que eso conlleva, claro. Todo se aceleró. Terrats probó los guantes de Aarón a los 66, justo después de que Hassan hubiera driblado bien y centrado mal, como tantas veces. Una volea de Romero fue palmeada por Aarón a córner. Pere Milla sí acertó pero el asistente levantó el banderín. Entrado el choque en el último tramo, y ya el Espanyol con dos delanteros sobre el verde, el dominio era alterno.

Estiró la cabeza el Oviedo en una arrancada de furia de Viñas. Sorteó a dos rivales y cuando ya imaginaba el gol optó por la potencia antes que la colocación. Le sentó bien la acción a los de Almada. Chaira le dio continuidad de inmediato, pero su chut chocó con las manoplas de Dmitrovic. Otra vez fue el marroquí el que pudo anotar, pero su cabezazo fue demasiado centrado. Y otra más: latigazo de Javi López que rozó el poste.

Al Espanyol también le quedaban balas. Aarón despejó con reflejos felinos un intento aéreo de Roberto. La ocasión, como antes con Viña, empujó a los de Manolo que apretaron hasta el final pero esta vez entre los centrales y Aarón neutralizaron el disgusto final de otras ocasiones para firmar un punto que, en esta situación, sirve de poco a este Oviedo tan necesitado.

Vía: La Nueva España