Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

RUNNING

La 'runner face': qué es y cómo se trata la cara de corredor que preocupa a quienes hacen mucho deporte

La doctora Alessia Arpino explica que la "cara de corredor", término popular, se asocia a la deshidratación, falta de colágeno y pérdida de volumen en corredores de alto rendimiento

La cara de corredor es común entre quienes practican mucho deporte.

La cara de corredor es común entre quienes practican mucho deporte. / INFORMACIÓN

J. A. Giménez

Cada cierto tiempo vuelve a aparecer en redes y en consultas de medicina estética una expresión que suena casi a etiqueta viral: runner face, o cara de corredor. La imagen que suele acompañarla es bastante reconocible: rostro más delgado, mejillas hundidas, piel con peor aspecto y cierta sensación de cansancio facial en personas que practican running u otros deportes de resistencia con mucha frecuencia.

Según explica la doctora Alessia Arpino, esta condición “afecta sobre todo a personas que practican deportes de alto rendimiento o que practican muchísimos deportes diarios” y puede ir asociada a “deshidratación superficial de la piel, falta de colágeno y disminución del volumen sobre todo en la zona de las mejillas”. En su explicación, añade que desde la medicina estética puede abordarse actuando sobre distintas capas de la piel, desde la hidratación superficial hasta tratamientos inductores de colágeno o la reposición de volumen.

Ahora bien, conviene hacer una precisión importante: “runner face” no es un diagnóstico médico oficial, sino un término popular para describir una combinación de cambios faciales que algunas personas asocian con el ejercicio aeróbico intenso y sostenido. Diversas fuentes dermatológicas coinciden en que esos cambios no se deben simplemente a “correr”, sino a una suma de factores, entre ellos la exposición solar acumulada, la pérdida de grasa subcutánea facial, la sequedad cutánea y el propio envejecimiento natural de la piel.

Esa mezcla de causas es clave para entender el fenómeno. La radiación ultravioleta acelera el envejecimiento cutáneo, daña colágeno y elastina y favorece la aparición de arrugas, flacidez y textura más áspera. La American Academy of Dermatology y la Mayo Clinic insisten en que el sol es uno de los grandes responsables del envejecimiento prematuro de la piel, algo especialmente relevante en personas que entrenan muchas horas al aire libre.

A eso se suma otro elemento que suele pasar más desapercibido: la pérdida de volumen facial. Cuando una persona reduce mucho su porcentaje de grasa corporal, esa disminución también puede notarse en la cara. El resultado puede ser un rostro más anguloso o con menos soporte en mejillas y contorno, algo que visualmente muchas veces se interpreta como envejecimiento. Cleveland Clinic recuerda que la pérdida de colágeno y volumen se relaciona con flacidez y aspecto más hundido de la piel.

Por eso no todos los corredores desarrollan ese aspecto, ni mucho menos el running “descuelga” por sí solo la cara. De hecho, parte del debate en torno a la runner face viene precisamente de ahí: varios dermatólogos sostienen que el término exagera o simplifica demasiado una realidad más compleja. Lo que suele haber detrás no es una lesión específica del deporte, sino la combinación de sol, bajo tejido graso facial, sequedad, edad y hábitos de cuidado cutáneo.

Qué tratamientos hay para la "cara de corredor"

¿Y cómo se trata? Aquí la respuesta depende bastante de qué predomine en cada caso. Si el problema principal es la deshidratación o la alteración de la barrera cutánea, el abordaje suele pasar por mejorar la hidratación y proteger mejor la piel. Si lo que domina es el fotodaño, los dermatólogos recomiendan medidas de prevención solar y tratamientos dirigidos a reducir los signos del envejecimiento por sol. Y si el cambio más visible es la pérdida de volumen, la medicina estética puede valorar opciones como rellenos dérmicos u otros procedimientos para restaurar soporte facial, siempre en manos cualificadas y de forma individualizada.

En esa línea encajan las declaraciones de la doctora de la clínica Valverde & Arpino, que habla de tratar el problema por capas: hidratación superficial, productos o procedimientos para estimular colágeno y, en algunos casos, reposición de estructuras faciales más profundas. Desde el punto de vista médico, ese planteamiento tiene sentido como enfoque estético personalizado, aunque no existe un protocolo único porque la runner face no es una enfermedad definida, sino una descripción de signos que pueden tener orígenes distintos.

En cualquier caso, la mejor estrategia sigue siendo la prevención. Los expertos recomiendan fotoprotección diaria, ropa o gorras si se hace deporte al aire libre, cuidado de la hidratación cutánea y consultar con dermatología o medicina estética si el cambio facial preocupa de verdad o aparece de forma acusada. La clave no está en dejar de correr, sino en entender que una piel expuesta muchas horas al sol y un rostro con menos volumen necesitan más cuidados, no menos.

En otras palabras, la runner face existe más como efecto visible que como diagnóstico. Es la forma popular de nombrar un rostro que ha perdido frescura o volumen y que acusa el impacto acumulado del exterior y del tiempo. Y, como resume la explicación de la doctora, hoy puede abordarse con tratamientos estéticos, pero sobre todo con algo más básico y menos espectacular: protección solar, hidratación y seguimiento profesional cuando haga falta.

TEMAS