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La locura de Zegama desde dentro: "Casi ni llego a la salida"

Aritz Egea anuncia que la Zegama 2025 será su última participación: "Quiero despedirme yo de Zegama, no que Zegama me eche"

Aritz Egea, en la Zegama del pasado año

Aritz Egea, en la Zegama del pasado año / INSTAGRAM

David Boti

David Boti

Hay despedidas que no necesitan lágrimas. Solo palabras dichas con la calma de quien sabe que ha dado todo. Aritz Egea se despide de Zegama-Aizkorri, la carrera que no solo lo vio crecer, sino que lo definió como atleta, como persona y como símbolo del trail vasco.

Esta será la última y especial, seguro”, dice con voz tranquila pero cargada de emoción. Lo cuenta en el pódcast Ingrávidos, donde repasa una carrera vital que ha girado, año tras año, alrededor de Zegama. “Desde el inicio del año casi no tengo otra cosa en la cabeza”, reconoce. “Llevo 12, 13, 14 años pensando en Zegama cada enero. Eso quema”.

Egea no se va de la montaña. Se va de la exigencia constante, del calendario al milímetro, de renunciar a un plan con amigos o a unas vacaciones con sus hijas porque “tengo que hacer volumen el fin de semana”. “La balanza se inclina al otro lado”, dice, casi como quien se sienta a mirar el mar por primera vez en años.

“Quiero yo despedirme de Zegama, no que Zegama me eche”, repite. Tiene claro que esta edición será especial, aunque no descarta volver algún día “si hace falta conservar dorsal”. Pero será diferente. Sin esa presión de hacer un sub 4, sin ese “runrún” constante.

Y es que Aritz ha bajado de las cuatro horas en Zegama tres veces, algo que solo han logrado tres corredores vascos. “El año pasado volví a hacerlo. Este año, ¿qué más me motiva? ¿Volver a bajar? Ya lo hice”.

La transformación de Zegama

Su relato también es un mapa de cómo ha cambiado la carrera. “La primera vez éramos anónimos. Hoy hay locura en todo el recorrido”, recuerda. “El año pasado salí de casa media hora antes y casi no llego a la salida. Es incontrolable”.

Critica con elegancia la inflación mediática. “La burbuja del trail se está inflando. No sé cuándo explotará, pero se va más y más”. Reconoce que Zegama le dio todo, pero también le quitó cosas. “Zegama me ha marcado para bien y para mal”.

A sus 41 años, Aritz Egea sigue siendo competitivo. El año pasado fue quinto en la OCC y volvió a hacer sub 4 en Zegama. Pero renunció a la ultradistancia, pese a que ese sería “el paso natural” a su edad. “No me compensaba. Y, sobre todo, me destrozaba la vida familiar”.

Mientras otros sumaban kilómetros, él tomaba decisiones valientes. “El año pasado fui feliz porque tenía todo bajo control: entrenaba, trabajaba, estaba con la familia. Eso era increíble”.

Nutrición: del desastre al aprendizaje

Uno de los momentos más reveladores llega con la intervención del nutricionista Fernando García Oliveira. “Aritz era el que no bebía nunca”, le dicen. Él se ríe. “Era falta de costumbre. Ahora bebo, aunque no tanto como otros”.

Critica algunas tendencias actuales: “Los 120 gramos de carbohidrato por hora los he entrenado, pero en carrera no los tolero. Es distinto psicológica y físicamente”. Su límite está en 70–90 g/h. “Por encima de eso, imposible”.

Habla también de escupir un membrillo, de cambiar isotónicos dulces por galletas saladas, de cómo el cuerpo rechaza lo que antes toleraba. “Correr no es nada del otro mundo, pero nos volvemos locos con tanta moda”.

“Si sale una mala Zegama, tampoco pasa nada”

Esa es su conclusión. Serenidad. Si hace menos de cuatro horas, bien. Si más, también. “Es la vida”, dice. Lo importante no será el crono. Será despedirse en sus propios términos. “Esta semana no entreno casi nada y me aburro. El día anterior a la carrera no cuenta en la vida. Pero aquí estoy, una vez más”.

La suya no será una retirada entre aplausos y titulares. Será una zancada más, quizá la última, entre barro, piedras y la memoria de quienes lo vieron volar por Aizkorri. Zegama no echará de menos a Aritz. Zegama es Aritz.