Opinión
Xavi es un kamikaze japonés

Xavi Hernández, en el Barça-Alavés / Javier Ferrándiz
En el FC Barcelona buscaban un hombre capaz de inmolarse voluntariamente por el bien de los suyos. La situación era crítica tras la salida de Leo Messi y ciertos bisnes, y el Ejército Imperial quería revertir de cualquier manera el devenir de una Guerra Mundial. Fue el 6 de noviembre de 2021 cuando un conocido piloto suicida cayó en picado en un equipo noveno, con solo 18 puntos, y la urgente necesidad de clasificar a Champions League. En esta primera misión temeraria se salvó el honor: el equipo quedó segundo en Liga y compitió bien en Supercopa y Copa del Rey, siguiendo principios de juego cruyffistas con muchos jugadores de otros arsenales.
Por más que kamikaze signifique “Dios del viento” o “viento divino”, la temporada 2022-2023 comenzó contra viento y marea, con un plan de austeridad y con una plantilla todavía condicionada a idea y negocios anteriores. Pero el samurái que sirve como ayudante, “víctima del colectivo y socio de todos”, que se presta a morir siguiendo un código ético de lealtad y honor, camufló las vergüenzas de la etapa más oscura del club conquistando la Liga cuatro jornadas antes y ganando la Supercopa de España al Real Madrid.
Digamos así que Xavi Hernández es un kamikaze japonés porque antepone el bien del club a su vida propia e interés individual. El mejor centrocampista de la historia del fútbol, quien mejor representa el ADN Barça en la faz de la Tierra, mantiene como entrenador sus atributos y condiciones de jugador: generoso, altruista y especialista en colectividad. Pues podía haber elegido otro momento para salir ileso como entrenador del club de sus amores.
Con el Barça más joven del siglo, exprimiendo La Masía al máximo, apostando por jóvenes que deben multiplicar valor para dar condiciones de salubridad al club, suman 30 puntos en la jornada 13 y son líderes en fase de grupos de Champions. Mario Rosas dijo recientemente que “Xavi es el mejor entrenador que puede tener el Barcelona, conoce mejor que nadie la filosofía. Ahora parece que sea fácil poner a los Yamal, Fermín, Balde... y no lo valoramos”.
Además, recuperó la perspectiva del juego desde las ciencias de la complejidad. Los elementos dejaron de aislarse para entenderse conjuntamente. La alegría y el balón volvieron a ser el centro del universo y se generó una tendencia hacia jugadores “hábiles para no perderlo, expertos en controlarlo y esconderlo; futbolistas de vocación creativa y ofensiva”, aquellos que de verdad encajan en el juego de ubicación.
Hablamos de un pilotaje extraordinario que vuela a través del fuego. Una maniobra militar arriesgada que puede dejar un muerto pero también más portaaviones, más acorazados, más cruceros y más dragaminas. Como diría Johan Cruyff en este tipo de situaciones: “Este Barça pinta muy, muy bien”.
* Kevin Vidaña es entrenador de fútbol profesional con experiencias en España, China, Chile, Ecuador y Venezuela. Autor del libro 'El Barça con Xavi. Una filosofía de juego connatural'.
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