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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Vinicius, el protocolo y los focos

Vinicus y Mourinho, tras el incidente con Prestianni

Vinicus y Mourinho, tras el incidente con Prestianni / Pedro Rocha

Mediado el segundo tiempo del partido ante el Benfica, el árbitro cruzó los brazos, avisado por Vinicius. Para los menos iniciados: se activaba el protocolo antirracismo. Se supone que Gianluca Prestianni, jugador argentino del Benfica, insultó gravemente al brasileño del Real Madrid.

Lo hizo, eso sí, tapándose la boca con la camiseta, en un gesto tan canchero como reprobable. Quizás algún días las autoridades futbolísticas tengan que sentarse a valorar ese tipo de gestos -tan aplaudidos en algunos sectores- que no contribuyen precisamente a la buena salud de este deporte: jugadores que fingen o pierden tiempo, especialmente.

Pero la activación del protocolo contra el racismo no sirvió para gran cosa: se detuvo el partido, Vinicius acaparó todos los focos y Prestianni se hizo el despistado. "Yo no he hecho nada", decía.¿Cómo demostrarlo? Imposible.

Por eso el árbitro reanudó el juego, y los espectadores -tanto en el campo como los que veían el partido por televisión- se quedaron dándole vueltas al asunto. ¿Cómo funciona realmente este protocolo antirracista? ¿Debió reanudarse el juego? ¿Era realmente la palabra de un jugador contra la de otro? ¿Debió pararse el partido de manera definitiva?

Demasiadas preguntas y pocas respuestas concluyentes. Que el fútbol sigue teniendo un problema con el racismo es evidente. Tan evidente como difícil de resolver, sobre todo cuando no hay pruebas evidentes.

Más allá del episodio con el jugador del Benfica, Vinicius volvió a ser protagonista. Es curiosa la capacidad del brasileño para representar las dos caras de la moneda al mismo tiempo: marcó el 0-1 (fue un golazo) pero el árbitro lo amonestó con amarilla por celebrarlo de manera provocativa. Jekyll y Mr. Hyde sin solución de continuidad.

Empeñado en representar lo mejor y lo peor del fútbol, Vinicius es el jugador del eterno debate.

Tan talentoso como histriónico. Su calidad como futbolista es directamente proporcional a su capacidad actoral, siempre dispuesto a llamar la atención con asuntos que se escapan de lo futbolístico, como si nunca tuviera suficiente.