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Opinión

A Víctor, Marc y Xavi: No son unas elecciones

Víctor Font durante un acto de la campaña pre electoral

Jordi Carné

Esto es un artículo de opinión. Como socio que soy. No una línea editorial. Demasiados confunden persona con medio. Artículo con editorial. Son siempre los mismos. La brigada laportista en redes. La legión de bots que tienen orquestada. Insultan. Amenazan. Idéntico modelo que el Barçagate. No son distintos. Odio para dividir. Foco: Elecciones. Aunque no deberían serlo.

El Barça está en juego. Propongo que sea un plebiscito. Aunque a Laporta no le interese. Ni quiera. El presidente sale con ventaja. El fútbol le ayuda. Si la pelota ayuda al poder. Recuerden a Bartomeu. Su reelección fue así.

El FC Barcelona no necesita bandos. Ni ismos. Ni otra guerra civil emocional. Necesita una dirección clara. Un mandato fuerte. Nada de populismos. Una hoja de ruta coral. Compartida por todos los socios. El momento no va de competir de modelos alternativos. Va de reconstruir. De volver a creer que la Junta representa al socio y trabaja para el club. Tres precandidatos. Tres estilos. Una misma raíz.

Víctor Font. El estratega. El obsesivo del modelo. Lleva años dibujando un proyecto. Insiste en la profesionalización. En separar gestión y césped. En rodearse de talento. En pensar el club como industria global. Fue un emprendedor de éxito en un mundo globalizado. Gran reputación.

Marc Ciria. El financiero. El analista. El hombre de los números. Habla de deuda, de estructura, de orden. De convertir el ruido en balance. Joven. Perfil técnico. Sabe que sin estabilidad económica no hay relato deportivo posible.

Xavi Vilajoana. El hombre de club. El que conoce los vestuarios. El que ha vivido el día a día en repetidas juntas. Experiencia interna. Cree en el engranaje de La Masia. En ajustar lo que ya existe. No vale tacharlo de pasado.

Tres biografías. Pero el mismo diagnóstico. Sin cordura no hay sostenibilidad. Profesionalización ante amiguismo. Estructura ante improvisación. Modelo contra personalismo. Ninguno propone una revolución romántica. Ninguno habla de soluciones mágicas. Los tres saben que el Barça ya no se salva con un fichaje. Ni hablando del Madrid. Ni con lonas en la Castellana. Se salva con gobernanza.

Por eso no deberían enfrentarse. Deberían acordar. No es tiempo de fragmentar el voto. Es tiempo de concentrarlo. De enviar un mensaje nítido: primero el club, luego el ego. Unir talento no es rendirse. Ni dejar atrás el yo para asumir la pluralidad. Es entender el momento histórico.

La lucha no debería ser entre ellos. Debería ser entre la realidad que se ha vivido y el futuro del club. Entre improvisación y método. Entre ruido y proyecto. El Barça necesita un mandato incontestable. Una mayoría que no deje dudas. Que permita tomar decisiones difíciles sin mirar cada semana el retrovisor para inventar cosas.

No son unas elecciones. Son una oportunidad para demostrar que el barcelonismo ha aprendido. Que el barcelonismo no es trumpismo futbolístico. Ellos deciden para que el socio decida. Deberían unirse antes o después de convertirse en candidatos. Se lo he dicho a ellos. Le harían un bien al Barça. Nos va el Club.