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Opinión

Joan Mª Batlle

Joan Mª Batlle

Colaborador de SPORT

El VAR, la trampa más sibilina jamás inventada

Ahora todavía hay más agravios comparativos y lo peor es que sirve de coartada para cualquier tropelía

El pisotón de Echeverri a Koundé

El pisotón de Echeverri a Koundé / X

Esto del VAR va de mal en peor. Cuatro días después del recital en el Atlético-Barça de Copa, llegó la puntilla, de nuevo al Barça, en Girona. El penalti fallado por Lamine debió repetirse y vale que el árbitro no lo viera, pero para eso está el VAR, ¿no? Pues parece que no, no hubo llamada al árbitro. ¿No lo vieron o no lo quisieron ver? Y en el segundo gol del Girona, de nuevo la sospecha: ¿no vieron la falta a Koundé o no la quisieron ver? Definitivamente, la revolución tecnológica que tenía que cambiar el arbitraje para bien, se ha convertido en una máquina maquiavélica de manipular los resultados.

Con el VAR, todavía hay más agravios comparativos que antes. Ahora entra, ahora, no. Con este equipo sí, con este otro, no. Un día esta mano es penalti y al siguiente, no. O expulsión. O fuera de juego, una jugada que no admite interpretación pero que se ha prostituido tanto, que ya no nos podemos creer nada. 

El gol anulado a Cubarsí ante el Atlético bate todos los récords de lo esperpéntico. Se les estropea el semiautomático, se pasan siete minutos tirando líneas o véte a saber qué, y concluyen que es fuera de juego por medio milímetro. ¿De verdad tenemos que creérnoslo? ¿Y es seguro el otro medio milímetro de Lamine que le cuesta la derrota al Barça en Anoeta? ¿O aquella bota de Lewandowski sospechosamente deformada? Por no hablar de lo de ir tirando hacia atrás una jugada hasta encontrar algo para intervenir.

Por desgracia, el VAR es la trampa más sibilina jamás inventada, un enigma insondable que sirve de coartada para cualquier tropelía. 

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