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Saben en Valencia que la vergüenza no fue el fútbol

Miguel Gutiérrez dedica su gol a un amigo afectado por la DANA

Miguel Gutiérrez dedica su gol a un amigo afectado por la DANA / LaLiga

Sí, yo apruebo que el fútbol no se detuviera el fin de semana. Lo digo con el máximo respeto a cualquier otra sensibilidad que pueda cohabitar en un caso tan grave y delicado como el de Valencia. El debate, una vez más, se centró en el fútbol. El baloncesto o el balonmano, por ejemplo, tampoco se detuvieron. Pero al fútbol le piden lo que no le piden a nadie. No conozco con certeza las motivaciones de La Liga para no aplazar toda la jornada. Me permito plantear las mías.

No hay un altavoz mayor que el deporte para la solidaridad en todo el mundo. Eso me parece inapelable. Si nos vamos al fútbol, creo que el vehículo de apoyo y de emoción hacia cualquier causa humana o social se convierte en imparable. Pero desde la acción, no la inacción o la invisibilidad. Mientras algunos, en una praxis tan habitual como vomitiva, utilizaban la tragedia para sacar rédito político; el Metropolitano guardaba silencio con el himno valenciano de fondo, el Girona mandaba su recaudación a los damnificados, el Barça subastaba sus camisetas, el Madrid repartía un millón de euros y el Espanyol fletaba cuatro trailers con enseres. Valencia estuvo en todos los campos, que emitieron un canto de esperanza y apoyo a las familias. Otra vez, ante la desgracia, el deporte rey unido, sin colores. Sin rivalidades. Como el Betis y el Sevilla se unieron por Puerta. Como Iniesta y el Espanyol lloraron por Dani Jarque. A mí dame este juego. Un juego que levanta la bandera de la solidaridad como nadie y que entra en los hogares liderando el grito contra el dolor o la injusticia con un altavoz que, lo siento, no puede ser de quita y pon. No, no fue la jornada de la vergüenza. En Valencia, como en ningún otro sitio, saben donde estuvo la vergüenza. En el fútbol, no.