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Ernest Folch

Ernest Folch

Colaborador de SPORT

Lo único que el Barça puede hacer con el maldito virus

Araújo, sobre Raphinha: "Su lesión la sufre la selección y sobre todo el club"

EFE

El último virus FIFA ha golpeado al Barça donde más le duele. A las puertas de jugarse los dos grandes títulos de la temporada, un amistoso que en realidad no era nada más que un montaje comercial al otro lado del océano se llevó por delante a Raphinha por al menos cinco semanas.

El brasileño no tiene ni la técnica de Lamine ni la importancia estratégica de Pedri, pero es sin duda el futbolista que sostiene psicológicamente este gran artefacto que ha construido Hansi Flick, y que actúa siempre como salvavidas cuando el equipo atraviesa un bache en medio de un partido decisivo. Si Simeone hubiera podido escoger una baja blaugrana para la trilogía que se avecina, sin duda habría escogido la de Raphinha. De ahí que el fatal contratiempo duela, y mucho.

Han salido en tromba unos cuantos opinadores a darle las culpas a la FIFA y al maldito calendario. Cierto, el sistema es injusto y escandalosamente abusivo con los clubes. Pero culpar al sistema solo sirve para tener razón, y no para resolver nada: llevamos décadas con la misma injusticia, y la situación no ha hecho sino empeorar.

Seamos realistas: ni Barça ni Madrid ni Liverpool ni ningún otro gran club puede hacer nada contra este calendario infernal. No podrán hacerlo por la sencilla razón de que nunca han podido y en realidad nunca lo han intentado. Porque el auténtico y doloroso problema de fondo es que los que no quieren renunciar a un solo partido de su selección son, antes que nadie, los propios futbolistas.

Si Raphinha ha arriesgado su salud en el momento culminante de la temporada en un ridículo amistoso, no es solamente porque, como se ha dicho, haya sido un imprudente, sino porque donde él piensa que se juega su gran prestigio y su futuro es en la selección. Los jugadores no ven los partidos internacionales como un complemento, sino como el gran escaparate de su carrera. Algunos de ellos, aunque cobren de su club, priorizan emocionalmente su selección: por sentimientos y también por interés.

De ahí que lo único realista que pueden hacer los clubes es presionar a los jugadores. De nada va a servir que el Barça llame a Infantino, una gestión de simple postureo que se la llevará el viento. En cambio, lo que sí puede hacer es presionar a Raphinha y hacerle ver que con sus esprints absurdos en Boston (perpetrados solo para revalorizarse en Brasil) ha perjudicado muy seriamente al club sin el cual no podría haber ido nunca a la selección.

El Barça debe hacer entender a sus jugadores que lo primordial, por encima de todo, es el Barça. Y quien no lo entienda, o no actúe en consecuencia, que se vaya buscando otro equipo. Todo lo demás son brindis al sol.