Opinión

Periodista en SPORT
Más 'tuits' como el de Elena Fort y más árbitros como Mateo Busquets

Thibaut Courtois retirando un objeto lanzado desde la grada, durante el partido de la LaLiga entre el Atlético de Madrid y Real Madrid. / EFE/Ballesteros
“Qué futuro más oscuro nos espera. Un lugar donde no se defienden las libertades y los derechos humanos. Profunda tristeza y preocupación”. Elena Fort, vicepresidenta del FC Barcelona, expresaba en su cuenta personal de X (antes Twitter y hoy gestionada por un ‘pope’ de la ultraderecha como Elon Musk) su inquietud por los resultados electorales en Austria y Alemania. Un auge ultraconservador que a ella, una abogada que siempre ha compartido sin disimulo su opinión al respecto, preocupa y ocupa.
Días antes, el club blaugrana aceptaba con la cabeza gacha y profundo pesar, una multa y una prohibición de la UEFA tras la exhibición de una pancarta ultra por parte de un seguidor del Barça en el partido de Champions ante el Mónaco. Si hay una entidad más alejada de esos mandamientos, esa es la que preside Joan Laporta. El mismo que, en una edición anterior de su mandato, dio carpetazo a los Boixos Nois. Acabó con una lacra, igual que lo hizo Florentino Pérez, y que a Cerezo y a Gil les cuesta erradicar. Por decirlo fino.
Encapuchados, enmascarados, navajas, mecheros y, sobre todo, una actitud servil por parte de Simeone y algunos de los jugadores del Atleti marcaron el devenir de un derbi madrileño que acabó con un empate que favoreció deportivamente al Barça. Carles Puyol se convirtió en ‘trending topic vintage’ gracias a su extraordinaria reacción ante otra de Gerard Piqué tras recibir un 'mecherazo'. “Más ‘puyoles’ y menos ‘courtois’ necesitamos”, me escribía un compañero ya retirado. La actitud del portero del Real Madrid celebrando el primer gol ante nazis atleticos no ayudó, más bien todo lo contrario, pero su reacción es ‘pecatta minuta’ comparado con lo que vimos en aquellas gradas. El movimiento ultra gana espacios y adeptos. Lo saben los y las futbolistas que asisten, con horror, a unas reacciones inadmisibles cada fin de semana. Ellas llevan mucho tiempo soportando el machismo, la homofobia y el racismo pero hasta que algunos de sus compañeros no han sido víctimas o actores no se les ha concedido, tan siquiera, el beneficio de la duda.
Si el fútbol es -a ojos de muchos- el retrato superficial de una sociedad, aviados estamos en la nuestra. La más local y la que el balompié extiende a lo largo y ancho del planeta. Es vergonzoso que sigamos escuchando, en las pequeñas reuniones familiares o de amigos, los comentarios sobre jugadoras gordas o jugadores negros. Es horroroso comprobar que un club como el Atlético de Madrid baja las orejas y se rinde ante una minoría ‘ultra’ a la que temen y agradecen a partes iguales. Es un espanto comprobar como ciertas ideologías atrapan a los más jóvenes. Es terrible.
Como actores de esta película, los futbolistas deben condenar y no provocar y alentar. Autocontrol, profesionalidad y conciencia colectiva deberían ser su bandera. Aquí no hay colores, aunque algún perjudicado quiera acelerar el victimismo hacia su territorio. Quiero leer más ‘tuits’ como el de Elena Fort. Y quiero más árbitros como el balear Mateo Busquets.
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