Opinión
Las lesiones atacan al fútbol y perjudican el espectáculo

EFE
En los últimos años el fútbol ha sufrido una profunda transformación. Más competiciones, muchos más partidos y un calendario excesivo que supone la explotación física de los jugadores que lo acaban pagando. Un círculo vicioso que va por mal camino. Los futbolistas cada vez cobran más, los clubs hacen más negocio y UEFA y FIFA aumentan la duración de las competiciones para ingresar más. Conclusión, hay más lesiones, el espectáculo se resiente y los clubes lo sufren.
Un dato para situarnos en el contexto del problema. Un 5% de los clubes, los más grandes (Barça, Madrid, PSG, City, Bayern, Liverpool) juegan entre 60 y 70 partidos por temporada entre Liga, Copa, Supercopa, competiciones europeas y compromisos de selección. Así se explica la recaída de Raphina en Brasil como consecuencia del maldito virus FIFA. Antes jugaban 45 partidos al año, ahora un 25% más.
Esta sobrecarga de partidos lleva a la disminución de la calidad de los entrenamientos. Lo dijo Pep Guardiola: “En estos meses ya no entrenamos, solo recuperamos.” Durante seis meses juegan cada tres días, dos partidos por semana, un ritmo que obliga a priorizar la gestión física.
Un calendario excesivo supone la explotación física de los jugadores
Las consecuencias son evidentes, lesiones y fatiga crónica ya que el cuerpo humano tiene límites naturales. Estudios demuestran que en los últimos cinco años las lesiones por sobrecarga (distensiones y roturas) han aumentado un 30% en los clubs de élite. Pedri, Militao, Dembelé, Bellingham o De Jong son víctimas de un calendario devastador.
El riesgo recae también en los jóvenes talentos, cuyos cuerpos están en desarrollo y deben soportar cargas propias de adultos. Hay que vigilar el rendimiento de Lamine, Cubarsi y Fermín conscientes de que forman parte de un grupo de riesgo evidente.
Mas allá de la cuestión física, un calendario excesivo afecta de igual manera a la salud mental. Lo hemos visto en Miami donde un número 1 como Carlos Alcaraz, en pleno partido, explotó con un “no puedo más” que reflejaba estrés y presión.
Hay que pensar en soluciones. Limitar el número de partidos por temporada debería ser objetivo de obligado cumplimiento igual que ampliar las plantillas. Mientras tanto, la tecnología ayuda. Un seguimiento por GPS y el análisis biométrico puede analizar con precisión la carga de trabajo de cada jugador para evitar situaciones límite.
El fútbol se enfrenta a una gran contradicción. Más partidos significan más negocio, pero a la vez más riesgo de lesiones. Estamos en un punto de inflexión. El aumento de la Champions y el crecimiento del Campeonato del Mundo (32 a 48 selecciones) dan signos de agotamiento en el calendario. La ambición y el business han ido demasiado lejos. La alarma se ha encendido, hay que poner límites por el bien de los futbolistas y del espectáculo.
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