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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

¿Qué tipo de delantero centro necesita el Barça?

Lewandowski marcó ante el Newcastle

Lewandowski marcó ante el Newcastle / Siu Wu

Se detiene la Liga y se reactivan los comentarios sobre posibles fichajes para el verano: sucede en cada parón, una cosa lleva a la otra. Disminuye la actividad en la ciudad deportiva del Barça pero se multiplican las informaciones sobre cómo se moverá el Barça en el mercado. Quien más quien menos, todos los aficionados del Barça tienen claras sus prioridades: todos llevamos dentro un director deportivo en potencia, como todos llevamos dentro un seleccionador, ahora que se acerca el Mundial.

Conviene, por tanto, pensar con frialdad y al mismo tiempo, jugar a ser Deco. No es incompatible una cosa con la otra. Y surgen muchas preguntas. ¿Qué necesita la plantilla del Barça? ¿Cuáles son las necesidades más urgentes? ¿La opinión de Flick, tiene que ser vinculante, o por el contrario, debe el alemán someterse a las directrices del club?

Y quizá la pregunta del millón: si hay que fichar un delantero centro, como todo parece indicar, ¿qué tipo de ‘nueve’ debe incorporar el Barça? ¿Un rematador nato, tipo Haaland? ¿O mejor uno más asociativo, tipo Julián Álvarez? ¿Hay que gastarse una millonada en un delantero centro plenamente consolidado? ¿O conviene arriesgarse y apostar por un perfil más de futuro, de una Liga como la francesa, la neerlandesa o la portuguesa, por ejemplo?

En su día se puso como fichaje ejemplar el caso de Yaya Touré: un futbolista completo, que ofreció un gran rendimiento, y que llegó por un precio moderado y procedente del Mónaco, un club de la clase media del fútbol europeo. En aquella ocasión, el Barça hizo un excelente trabajo de ‘scouting’.

¿Está preparado el club para firmar un fichaje así? Las preguntas se acumulan. No será fácil acertar: la posición de delantero centro es probablemente la más complicada. Acertar con ese fichaje puede suponer impulsar al equipo -y por tanto al club- a otra dimensión. Fallar, en cambio, puede convertirse en una hipoteca demasiado asfixiante y gravosa. Que el club afine la puntería: el futuro está en juego.