Opinión

Director adjunto de SPORT
La Supercopa, el segundo meneo al Madrid

Final de la Supercopa de España: Real Madrid - FC Barcelona
La victoria en la final de la Supercopa de España es la confirmación que la goleada en el Santiago Bernabéu no fue un accidente ni flor de un día, sino consecuencia de la superioridad manifiesta que existe en estos momentos entre el Barça y el Madrid.
Los niños de Flick humillan a los cracks pagados a precio de oro del Real Madrid por segunda vez en una temporada, por segunda vez en poco más de dos meses.
El título, el primero de la era Flick, es un espaldarazo a diferentes esferas de la entidad azulgrana. Primero, por empezar por algún sitio, para la directiva y para Joan Laporta, cuya batalla para la inscripción de Dani Olmo le ha granjeado muchas enemistades, pero ha acabado saliéndose con la suya. El título, el cuarto del presidente en este segundo mandato, es un bálsamo para una trayectoria escasa en premios pero repleta de batallas a todos los niveles.
Segundo, para el equipo que acaba con unos meses irregulares y se reencuentra la senda iniciada a inicio de curso. Empezó como un tiro, pero últimamente se había despistado un poco hasta perder el liderato de la liga. Este triunfo le recolocar como aspirante a muchas competiciones, liga incluida. Quizás más de las que se pronosticaban a inicio de curso.

Final de la Supercopa de España: Real Madrid - FC Barcelona / efe
Espaldarazo
Tercero, es importante para los jugadores, la mayoría de ellos muy jóvenes que precisan de espaldarazos como este para hacerse grandes, para crecer, para asentarse en un escenario nuevo para muchos de ellos, para confirmar que no solo son buenos jugadores, sino que pueden marcar una época. Jugadores como Lamine, Cubarsí, Casadó o Peña, por citar algunos, se están empezando a labrar un palmarés y esta victoria les servirá a lo largo de su carrera para confirmar que tienen mucho futuro por delante. Empezar a sumar es importante.
Cuarto, es importante haber logrado esta victoria ante el Real Madrid, de quien muchos lo dan por ganador de todas las finales y ayer se llevaron un chasco de órdago. Encajar una manita, con una inferioridad tan manifiesta que solo desapareció cuando el Barça se quedó con 10 jugadores, es un golpe a la soberbia que muestran muchos de sus jugadores. A Vinicius ni se le vio, a Mbappé ha dejado de ser ese proyecto de mejor jugador del mundo para ser solo un buen delantero. Lo secaron tanto Koundé como Araujo. Bellingham mostró más rabia que juego. Y así podríamos seguir hasta llegar al gran gestor de vestuario como Ancelotti que solo recibe varapalos cada vez que se mide al Barça. Flick le ha vuelto a ganar la partida porque en dos ocasiones su equipo le ha pasado por encima hasta arrollarle, hasta convertirle en un juguete roto, en una caricatura de lo que muchos intentan convertirle de palabras.
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