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Opinión

Jordi Badia

Jordi Badia

Jefe de deportes en Regió7

Una rareza maravillosa

El discurso de agradecimiento de Joan Laporta ante el primer equipo

El discurso de agradecimiento de Joan Laporta ante el primer equipo

En un fútbol dominado por las Sociedades Anónimas Deportivas, los fondos de inversión y los magnates con fortunas de origen diverso, que el presidente del FC Barcelona haya tenido que dimitir para confrontarse a otros aspirantes a la presidencia del club y someterse a la reválida de los socios en las elecciones del 15 de marzo constituye una rareza maravillosa.

Se puede debatir sobre bastantes aspectos del proceso electoral. Parece positivo que un presidente sólo pueda enlazar dos mandatos, pero quizá habría que establecer que estos fueran el tiempo máximo que puede ejercer una misma persona. Está bien que el presidente tenga la potestad de fijar la fecha de las elecciones y que la imponga atendiendo a la situación deportiva del primer equipo de fútbol, con el objetivo de no interferir su marcha, pero estaría bien que se estableciese una fecha fija e inamovible para evitar que las convoque en el momento más adecuado para sus intereses.

Es bueno que los socios no tengan que desplazarse forzosamente al Camp Nou para ejercer su derecho a voto y que tengan colegios electorales en Lleida, Tarragona y Girona, pero aún lo sería más que se habilitara el voto telemático y por correo para así favorecer la participación, que siempre queda muy corta. Y ya se entiende que deben fijarse topes para convertirse en candidato y para acceder a la presidencia y a la Junta Directiva, porque la responsabilidad patrimonial en la que incurre un presidente del FC Barcelona es muy alta y debe protegerse, pero sería extraordinario que fuera verdad que cualquier socio puede ser presidente del Barça.

Claro que ninguno de estos aspectos desmerece la salud democrática del FC Barcelona. Pero, al mismo tiempo creo que durante el segundo mandato de un presidente, cuando ya no puede volver a presentarse, estas y otras cuestiones deberían debatirse para enmendar los Estatutos del club, porque la calidad de una democracia se mide a partir de su perfectibilidad, precisamente.