Opinión

Colaborador de SPORT
El paradón del siglo que deja unos cuantos mensajes

Joan Garcia detuvo así el remate de Pere Milla
Corre el minuto 39 de partido. En una internada por la banda izquierda, Carlos Romero se da cuenta de que Pere Milla entra solo por el centro, y le coloca un centro milimétrico. Milla remata a bocajarro, apenas a un metro del portero, y la pelota le sale a una velocidad endiablada, como un chut violento. En aquella centésima de segundo, todo el mundo piensa que el gol es inevitable.
¿Todo el mundo? No. Joan Garcia, con unos reflejos felinos, tiene el instinto de convertir su brazo en un látigo que, a la velocidad de la luz, se interpone entre el balón y la red de forma inverosímil. Pere Milla observa estupefacto como el balón se va a corner y todo el estadio, incluidos los jugadores blanquiazules, hacen a la vez el mismo gesto: las manos a la cabeza en señal de incredulidad. Parece indiscutible que estamos ante la parada de la temporada y quizás del siglo en curso.
En el peor momento de uno de los partidos más difíciles de la temporada, el gesto imposible de Garcia, unido a otras paradas colosales, no solo mantuvo a flote al Barça, sino que puede convertirse en uno de esos instantes clave que deciden un partido, un título y hasta un curso entero. Tal como estaba el partido, con el Espanyol sometiendo al Barça, es fácil imaginarse las consecuencias devastadoras que para el Barça hubiera podido tener encajar un gol en contra.
Pero el paradón tiene además una carga simbólica excepcional. Joan Garcia fue recibido con una gran animadversión tras el sabido culebrón de su traspaso. Con una calma budista, sin un solo gesto reprochable, Joan Garcia asumió impertérrito toda la bronca, y se dedicó a hacer lo que mejor sabe hacer, y que ejecuta mejor que nadie. Joan Garcia simplemente calló y paró. El mensaje no puede ser más poderoso: ante el griterío, indiferencia, calma y trabajo. ¿Se imaginan lo que habría pasado en el campo si por ejemplo Vinicius llega a ser el destinatario de los silbidos?
Dos lecciones finales. Una para el Espanyol: resulta que el sustituto de Joan es un portero espectacular, llamado Dimitrovic, que hizo otra parada memorable, y que demuestra que todo el drama montado alrededor del traspaso de Joan ha sido excesivo y prescindible. Y otra para Luis de la Fuente: si no rectifica en su idea absurda de no llevarse al Mundial a Joan Garcia puede hacer uno de los ridículos más esperpénticos que habrá hecho nunca un seleccionador. Cuidado, porque el paradón de Joan tiene varios mensajes encriptados que algunos harán bien en descifrar adecuadamente.
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