Opinión

Redactora de la sección Barça
Normalizar lo extraordinario

Pere Romeu tras perder la final en Lisboa / Valentí Enrich
Dicen que lo más difícil no es llegar a la cima, sino mantenerse en ella. El Barça femenino lleva cinco años en la cima y, después de perder la final de la Champions en Lisboa, es cuando igual hay que parar para poner en valor lo que ha hecho este equipo durante tanto tiempo y darnos cuenta de que, efectivamente, hemos normalizado la excelencia y lo extraordinario que es ganar siempre y ser tan sumamente favorito. Y, aunque fue un tremendo batacazo, porque a priori las azulgranas eran muy superiores -y lo que más duele es el cómo-, a muchos les servirá para ser conscientes de todo lo que hemos vivido en los últimos años y que, seguro, todavía queda por vivir.
El 9 de octubre, tras perder 0-2 en Manchester en el primer partido de la fase de grupos, Alexia Putellas dijo: “Para quien no conozca a este equipo, de las derrotas siempre sacamos algo”. Y lo dijo porque las mejores gestas han venido después de un palo, como la goleada del Lyon en la primera final de Budapest, de 2019, como la de Turín, en 2022, o la de Montjuïc el año pasado, contra el Chelsea. Efectivamente, después de caer en Manchester, el Barça firmó un partidazo en el Estado Olímpic en diciembre para clasificarse como líder de su grupo.
Desde el primer partido de la temporada en Riazor y hasta antes de las semifinales contra el Chelsea no pararon de llover críticas, tanto a las jugadoras, como a la dirección deportiva, como, especialmente, a Pere Romeu, en su primera temporada como primer entrenador. Algunas críticas, por supuesto, estaban justificadas. Todo el mundo puede equivocarse en el planteamiento de un partido, en la gestión de una jugadora, o de lo que sea. Pero la gran mayoría de críticas eran destructivas, desproporcionadas y sin fundamento.
Durante estos meses, cuando más dudas con el proyecto y el equipo había en el entorno, salieron las jugadoras, sin ser preguntadas, a poner en valor el trabajo del nuevo técnico y de todo el staff. Lo hizo Alexia tras el primer clásico de la temporada, el 16 de noviembre, y lo hizo Aitana, después del partido contra el City en Montjuïc. Ambas dicieron que el gran mérito de esas victorias estaban en el planteamiento del partido y que las jugadoras ‘solo’ se encargaron de ejecutarlo. Y no es casualidad. Solo la gente que está en el día a día sabe cómo se trabaja en un equipo, porque hay muchas cosas que la gente, desde sus sofás, desconoce. Y todas estas personas, precisamente, han destacado siempre que se estaba trabajando muy bien.
“Ya os lo dije hace unos meses”, nos recordó Alexia tras la goleada al Chelsea en las semifinales de la Champions, “las notas hay que ponerlas a final de curso. Supongo que en algunos momentos hay gente que duda, del equipo, de mí misma… Pero conozco muy bien a este equipo, la mentalidad que tiene, y tras ese primer partido de Champions, en octubre, cuando quedaban diez meses de temporada, no se podían sacar conclusiones”. Perder -incluso jugar mal algún día-, forma parte del fútbol. Lo hizo el Barça de Pep, lo hizo el Barça de Flick en Milán cuando ya acariciaba la final de la Champions diez años después, y lo ha hecho el Barça de Pere Romeu cuando más clara parecía la Champions. Puede pasar y suele ser positivo, precisamente. Es lo que le ha pasado a este equipo. Un toque de atención en Manchester, otro en el Johan, contra el Levante, otro en Montjuïc, contra el Real Madrid. Y la eliminatoria contra el Chelsea, que ni a golpe de talonario supo competirla, fue brillante.
El tiempo le dio a Alexia -y nos dio, a unos y unas cuantas- la razón. Porque el Barça de Pere Romeu llegó al tramo más importante de la temporada, en el que hay títulos en juego, en un estado sublime, tanto en lo físico -solo con la baja de Kika-, como en lo futbolístico. Lo explicaba Patri Guijarro en SPORT hace unos días: “Pere es un entrenador muy perfeccionista, y aunque en el fútbol no todo puede ser perfecto siempre, es un técnico que va mucho al detalle. Y los partidos importantes, las finales, se deciden por detalles. Veníamos de hacer unas temporadas muy buenas, primero con Lluís, luego sobre todo con Jonatan, y él nos ha hecho mejor, cada año somos mejores. Esto no es fácil, y es lo que nos hace estar un peldaño por encima cada temporada. Si no evolucionas como equipo, te estancas y te pillan. Esta es un poco la clave”.
No lo podría haber definido mejor. Seis finales en siete años. Pero fallaron en Lisboa, porque, al final, son humanas -y esto no quita que Arsenal fue mucho mejor-. El Barça lleva años en la cima, juando a un fútbol precioso y compitiendo mejor cada año, adaptándose a las estrategias de los rivales y reinventándose para que no descubran sus claves. Así se explica el éxito y así se explica lo que tiene que venir a partir de hora: trabajo, trabajo y más trabajo. En el campo y en los despachos. Y seguir apostando para conseguir estar en otra final y, esta vez, ganarla
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