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Opinión

Lluís Carrasco

Lluís Carrasco

Colaborador de SPORT.

¡Niños, a jugar!

Fort, Lamine, Fermín y Casadó, tras ganar al Bayern

Fort, Lamine, Fermín y Casadó, tras ganar al Bayern / JAVI FERRÁNDIZ

Ver para creer. Cuando el miércoles el Barça saltó al terreno de juego, la última vez que este equipo había ganado al Bayern, Lamine Yamal tenía 7 años, Cubarsí 8, Gavi 10, Balde y Casadó 11, Pedri, Fermín y Ansu 12… Es decir, el núcleo de este F. C. Barcelona que ahora mismo se nos antoja invencible, iba al cole a diferentes cursos de primaria (quién sabe si alguno con uniforme de bermudas, calcetincitos azules hasta la rodilla y zapatos con cordones desabrochados) y aún no había pisado un aula de ESO.

Y ahí los tienen, encandilando hoy, no solo a su afición, sino al mundo entero de esta maravilla llamada 'fútbol', consiguiendo, bajo la estratosférica visión y dirección de un técnico del todo nobel en el futbol español, seducir y dejar atónitos a escépticos e incrédulos hasta convertir en inexplicable el inmenso presente que está viviendo el club.

Siguiente parada: Santiago Bernabéu. Y no puedo evitar sonreír ante lo que ya vislumbro. Si se decía que Messi tenía el jardín de su casa en Chamartín por la desfachatez y familiaridad con la que se movía, jugaba y vencía, tal y como yo veo la realidad y por la edad de los niños que hoy enamoran el universo de la pelota, yo diría que ese campo se va a convertir a partir de ya mismo en el patio del recreo del nuevo Barça.

El martes vimos, por enésima vez, cómo el Madrid doblegaba en los últimos compases a un rocoso equipo alemán en otra exhibición de épica y remontada imposible. Casi todos los equipos del mundo han sucumbido al poder del Bernabéu, y he dicho “casi todos” porque hay un equipo que nunca ha sufrido ese pánico escénico y es conocido que juega en el Bernabéu con una desfachatez y osadía que lo hace diferente y del todo temible, el Barça.

Al Barça, ese campo le trae sin cuidado, la historia reciente así nos lo cuenta, y es justamente ahí donde radica el pánico blanco y el divertimento azulgrana. Alguno dirá que siendo tan jóvenes les falta experiencia de 'clásicos', y se equivocan. Ningún jugador blanco, ninguno, ha jugado más clásicos que los chavales blaugranas. Benjamines, alevines, infantiles, cadetes, juveniles… Su vida ha sido, es y será ya para siempre este partido, por lo que, más que asustarlos, lo esperan hambrientos. ¡Niños, a merendar!

¿El sábado? Ya los imagino enrabietados, pero entre risas, jugando en ese patio a todo tren y disfrutando, disfrutando tanto, que a lo único que temerán no es a los blancos, sino a ese fatídico timbre que indique el final del juego, tener que abandonar el patio y volver a clase.