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Nico Williams no es Lamine

Nico Williams, abatido en el duelo frente al Manchester United

Nico Williams, abatido en el duelo frente al Manchester United / EFE

Pintan bastos para el Athletic Club. El sueño de la temporada, disputar y ganar la Europa League en casa, en San Mamés, ha saltado por los aires tras la ida de semifinales. El Manchester United fue mejor, antes y después del penalti y expulsión de Dani Vivian, y dejó la eliminatoria prácticamente en un trámite que se cumplirá el próximo jueves en Old Trafford.

No rugieron los leones, sobreexcitados desde la previa por el recibimiento de la afición. Tampoco las 'Panteras'. Iñaki y Nico Williams pasaron desapercibidos en el que debería haber sido el partido de sus vidas. Sobre todo para el menor de los hermanos, que rechazó todas las proposiciones estivales habidas y por haber para cumplir su anhelo de estar el 21 de mayo en San Mamés.

Viendo la actuación que nos regaló Lamine Yamal ante el Inter de Milán, uno no puede evitar comparar el rendimiento de Nico y el azulgrana. Tan amigos fuera del campo y tan diferentes sobre el césped. El del Barça se cargó al equipo a sus espaldas cuando fueron mal dadas, cuando los italianos se pusieron 0-2 en Montjuïc. Llevó de cabeza a la defensa 'nerazzurra' una y otra vez. Dribló, anotó y estrelló contra el travesaño el que pudo haber supuesto 4-3 en el luminoso.

El navarro, por su parte, no encaró con éxito ni una vez a su marcador, bien vigilado por Mazraoui y Lindelöf en la cobertura. Sus participaciones en ataque fueron escasas y limitadas a trazar diagonales que carecieron de peligro y sentido. En definitiva, nunca fue una amenaza. Ni en la primera media hora con 0-0 e igualdad de jugadores. Cabizbajo y abatido, Valverde le retiró a falta de diez minutos y necesitando un gol para creer.

Con actuaciones como la realizada frente al Manchester United -no es la primera vez que se borra este curso- entran todas las dudas. ¿Está Nico Williams para un grande de Europa o el Athletic es su límite? Quizás el suflé que se montó y que probablemente se vuelva a montar sobre su futuro sea desmesurado, igual que los 50 millones de su cláusula de rescisión. Un precio que, el club que lo pague, será más por su proyección y potencial que por su fiabilidad.