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Ivan San Antonio

Ivan San Antonio

Redactor de la sección Barça

El neonuñismo

Laporta exhibe algunos de los grandes tics del nuñismo

Laporta exhibe algunos de los grandes tics del nuñismo / ANDREU DALMAU / EFE

Las lágrimas inesperadas a la vez que previsibles de emoción, esa capacidad para entender qué necesita escuchar en cada momento el socio, esa lectura precisa de todo lo que se mueve alrededor del club, esa capacidad estratégica para saber cómo, cuándo y dónde, esa forma tan antigua y humana de mandar porque para eso soy el presidente, esa mirada recelosa ante lo que no acaba de cuadrar, ese anacronismo del “conmigo o contra mí”, mal endémico de quien ostenta el poder, ese carisma que supura desbocado en cada uno de sus movimientos y palabras.

Todo eso lo tenía José Luis cuando alcanzó la presidencia del Barça, en la que se mantuvo durante 22 años para acabar convertido en Josep Lluís Núñez, su gran anhelo, formar parte de la alta sociedad catalana sin ser una de las grandes familias. Ni siquiera ser dueño de medio Eixample de Barcelona le daba derecho a ello, algo que sí le ofreció, en cierta manera, el Barça, vehículo que encontró para llegar a su destino. Hablamos de Núñez, pero podríamos estar hablando, sin miedo a equivocarnos, de la figura de Joan Laporta i Estruch.

La gran diferencia entre ambos es que Núñez perseguía el reconocimiento de una sociedad que nunca fue la suya. En cambio, Laporta, cuando llegó al club, ya formaba parte en cierta manera del ‘VIP system’ catalán gracias a su matrimonio con una de esas familias poderosas, los Echevarría, un estatus que Núñez logró a medias y por ello fue siempre mirado con recelo por quienes lucen su apellido en la obra magna de Roger Vinton, ‘La gran teranyina’ (’Edicions del Periscopi, once ediciones), que posteriormente tuvo su ‘spin-off’ con ‘La teranyina blaugrana’, un librazo hiperdocumentado y alejado de la historia del Barça ‘mainstream’ a la que recurren los que recogen el curro de quienes se lo han currado antes (ir a la fuente original requiere siempre un trabajo ingente).

Detallitos que permiten pensar que nada ha cambiado, que el nuñismo sigue más vivo que nunca en la figura de un Joan Laporta convertido en el estandarte del neonuñismo. Claro que existen diferencias, pero no tanto en el núcleo de poder, sino en el entorno que aspira a él. El elefante de ojos garzos es hoy un grupo de amigos que atiende a la reencarnación de Josep Lluís sin idea alguna de lo que debe hacer para entrar como el elefante lo hizo en la cacharrería blaugrana en 2003. Salvo alguna excepción, les falta antídoto y antagonismo, les falta contundencia, les falta fe y la determinación de Atila subido a lomos del elefante para arrasar con todo. Y, sobre todo, les falta una figura vinculante, que ejerza de cemento, alguien cuyo poder, carisma e inteligencia no entienda de límites:en su día fue Johan Cruyff.