Opinión

Redactor de Real Madrid.
Mundial de Clubes: show para los vips, fútbol para los fieles
El torneo internacional está cumpliendo con las expectativas de la FIFA, al combinar el consumo del público local, al que no importan los resultados, con hinchadas para los que cada partido es a vida o muerte

La visita institucional de la Juventus a la Casa Blanca, con Infantino y Trump, dos grandes aliados. / DOUG MILLS / POOL / EFE
El Mundial de Clubes está siendo un éxito rotundo para la FIFA. Seguramente, desde las acaloradas noches de verano, un Espérance Sportive de Tunis contra Chelsea sirva de poco refresco, pero en EEUU, Gianni Infantino está convencido del éxito del modelo. Razón no le falta, porque conjuga las dos realidades que persigue una organización que, a pesar de poner la pirámide del fútbol como imagen principal, quiere, sobre todas las cosas, gestionar un negocio rentable. La resistencia de los jugadores, el calor o las tormentas son factores exógenos a una competición que está pagando su precio.
Por supuesto, alto para los futbolistas, que, con más de 70 partidos en un año natural, están deseando irse a casa sin perder el orgullo. Porque aunque Europa se empeñe en dar la batalla y decir que la carga de partidos solo les afecta a ellos, el caso es que los conjuntos brasileños se presenta con igual cuenta de encuentros. Cierto es que en un momento distinto de la temporada, pero cuando a un representante de Latinoamérica le hablas de la carga laboral él te responde, con razón, sacando el calendario de los campeonatos estatales de fútbol de Brasil o de la enrevesada liga argentina que ha creado el Chiqui Tapia.
En el Mundial de Clubes cada uno tiene lo suyo. No es un lugar común, es la realidad. El público local, o con rutinas de consumo parecidas, está encantado con las presentaciones de la NBA, los fuegos artificiales y ver a Messi, el Real Madrid, Sergio Ramos o cualquier persona que pueda mínimamente identificar. ¿El resultado? Les da completamente igual, como sucede en todos sus deportes. Tan solo en el deporte universitario hay cierto miedo a perder y es por pura pertenencia a una institución mucho más fuerte que una franquicia.
Los estadios parece que están vacíos en las tomas aéreas de las retransmisiones que algún dirigente prefería omitir. Pero a veces son reflejos de los propios aficionados transeúntes que se pasan el encuentro de arriba a abajo comprando todo tipo de consumibles. Por eso, el aforo hay que tomarlo siempre como una población flotante. A alguien con la cultura de que si a tu equipo le va mal te tuerce la semana, esa apatía por lo que sucede en el campo, le produce un choque cultural inmenso. Con hasta 900 euros por un palco VIP, las cuentas salen aunque haya asientos vacíos.
A los organizadores les importa la calidad, más que la cantidad de campos concebidos más para un concierto de Shakira que para un partido de alto nivel futbolístico. Pero, para eso está la Champions, ¿no? Eso es lo que piensan los que ven en el Mundial de Clubes un desfile de estrellas que se enfrentan entre sí con un título en juego. Algo que no habría pasado nunca de otro modo. El mejor ejemplo, Messi, viéndose de nuevo las caras con el PSG. Y ya no digamos los enfrentamientos entre equipos sudamericanos que se van a dar en octavos.
Por eso es una bendición que haya un Palmeiras - Botafogo o un Flamengo - Bayern, que podrían ser perfectamente una final de una Champions y de una Intercontinental. Para las hinchadas latinoamericanas, y sus representantes, el Mundial de Clubes es una oportunidad en igualdad de condiciones para competir contra los europeos. Son mayoría aplastante en las gradas, de ahí que su pervivencia es vital para el torneo con el que Infantino ha entregado las llaves del 'soccer' a Trump para los próximos años.
El dirigente ya busca casa en Miami, como antes hizo en Qatar. El primer paso ha sido establecer una sede de servicios jurídicos en una ciudad a la que el 'soccer' le da realmente igual si no juega Messi, pero que entiende a la perfección los precios dinámicos o los hospitalities. Estos, unidos a la pasión de los desplazados y las colonias de aficionados residentes en EEUU ha dotado de identidad a un torneo que terminará por asentarse, y con interés, en el calendario de clubes que no pueden dejar de ganar un solo céntimo. Cueste la energía que cueste. Solo así la burbuja puede hincharse sin pinchar.
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