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Ramon Palomar

Ramon Palomar

Redactor de Baloncesto.

La misión imposible de Joan Peñarroya en el Partizan

Joan Peñarroya accedió a dirigir a un Partizan deshauciado y posiblemente saldrá rebotado

Joan Peñarroya accedió a dirigir a un Partizan deshauciado y posiblemente saldrá rebotado / PARTIZAN

La situación que está viviendo Joan Peñarroya con el Partizan de Belgrado no se la desearía ni a mi peor enemigo si fuera entrenador. El técnico de Gavà, tras salir del Barça, aceptó a los pocos días el trabajo de ir a tratar de arreglar el desaguisado que vive el conjunto serbio tras la traumática salida de Zeljko Obradovic.

Una tarea muy complicada de tomar el relevo al entrenador más laureado de la historia, y coger las riendas de una plantilla totalmente descompensada, donde los egos prevalecen sobre el equipo y con una afición de uñas con su equipo salvo un pequeño grupo de incondicionales.

Desde que llegó Peñarroya a Belgrado, no han sido capaces de ganar ni un solo encuentro de Euroliga (0 de 5) y el último, este miércoles ante el Olympiacos, fue de autentica vergüenza en una derrota de 38 puntos, ante el conjunto de Giorgios Bartzokas, que incluso le dio lástima su propio rival.

En unas condiciones tan negativas, trabajar con un poco de tranquilidad es poco menos que imposible y ver al entrenador catalán en medio de todo ese desaguisado me entristece, porque será mejor o peor entrenador, según la opinión de cada uno, pero pasar por un trance profesional así deja huella, de eso no hay duda.

De acuerdo, tras salir del Barça, no resulta fácil encontrar una nueva oportunidad de trabajar en la Eurliga, y al final, se trata de una oportunidad de ejercer su profesión, aunque en este caso, las condiciones parecen inasumibles y Joan lo hace con estoicidad y hasta aseguraba tras la derrota ante Olympiacos, que “no me arrepiento de haber venido al Partizan”.

Lo que está claro, es que las dificultades que vivió en el Barça es un juego de niños frente a lo que tiene que afrontar en el Partizan, en un país extraño, con un carácter del pueblo serbio muy diferente al nuestro, y sin el apoyo de un entorno cercano. Sin duda, una experiencia que le marcará de por vida, y de la que no sabemos el final, aunque le deseamos, por supuesto, lo mejor.